UNA TARDE EN CRONOPIOS

Rompí
todos sus bolígrafos,
la pantalla de su ordenador
y el teclado de su máquina de escribir.

Le rompí las manos y los pies y de un palizón
lo postré en una silla de
ruedas.

Pero a pesar de todo él seguía escribiendo poemas de mierda.

Porque… vivir es escribir. – Me dijo estirando su fino cuello.
Los poetas de verdad no necesitamos ni las manos
ni los pies para escribir… Sólo necesitamos
vivir…

Mi
cara
era un
poema de
mierda cuando
escuchaba sus palabras.

Tienes razón. – Le dije.

Y le disparé un puñetazo a bocajarro.
Y aterrizó en el suelo desmayado.

Y Santa Cecilia de Roma pudo anochecer al fin
cuando por fin quebró su cuello de cisne
y su oriller ajado.

Publicado por

Txema Maraví Artieda

Soy de mi pueblo de toda la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *