POLÍGONO INDUSTRIAL MOCHOLÍ

Una tonta
mañana que se detiene,
una tonta mañana de invierno

detenida en el cielo.

¿Qué se le puede pedir?

No se le puede pedir nada, si la pisas es tuya,
un billete o lo que sea, si lo pisas es tuyo,
un camino, tu destino, si lo pisas es

tuyo.

Por eso estoy aquí, en el polígono industrial Mocholí,
esquivando nubes con las manos, dando patadas
a la gravilla y sintiendo el placer

de que sí,

de que por fin una tonta mañana
de invierno me

pertenece.

Y ROTAS TODAS LAS PANTALLAS

Cuando empieza a llover,
y todo se desmorona,
cuando los accidentes ocurren,
o pueden ocurrir todo el rato,
el simple atropello diario,
la lluvia dentro de casa,
un colchón usado,
pedalear,
hacerlo sin manos,
todo esto,
una tarde cualquiera,
una tarde que por lo que sea,
te duele la cabeza,

porque no es una buena tarde,

es mejor apuntarlo todo en una libreta,
es mejor cruzar por los pasos de cebra,
y pensar un cuchillo clavado en la cama,
y pensar dinero robado,
y pensar cepillos de dientes,

y rotas todas las pantallas.

ACARICIA MI GUITARRA

Se rompe una
ventana y pongo un plástico,
qué más dará, si me pierdo me invento
un mapa en el suelo, si no sé a
dónde ir me imagino una

cama y un escritorio.

Así lo soluciono todo, me levanto cada noche
sin saber qué noche me levanto, y pienso
un mapa en el suelo, y miro mi cama,

y destrozo mi escritorio.

La perilla de candado está de moda, lo peor
ha pasado, nunca lo recuerdo como
nunca recuerdo el piso de

ningún edificio.

Todo lo que lees se puede cantar,
todo es la letra de una canción
que acabo de inventar,
cierra los ojos y
acaricia

mi guitarra.

LIMPIANDO EL SUELO

Una bolsa de basura se mira en el espejo,
se siente tan obtusa,
tan llena de nada,

mientras,

los patos se pelean en la orilla del río,
se pelean por cada trozo de
tierra que consideran

les pertenece.

A veces la vida es como una
mismísima patada en

el trasero,

a veces la vida es un bote de aceite
usado que se derrama en el
suelo de la cocina en

forma de charco,

un charco viscoso que pisas
y te hace resbalar

de cabeza.

COMO PARA DEJARSE ARRASTRAR

Cuando ya no me sirva para nada
la cafetera, si no es mucha
molestia, me gustaría
ver esparcidas mis
cenizas fuera de
los muros del
cementerio

de mi pueblo.

Esparcidas en ese jodido hueco que
teníamos reservado para

nuestro perro.

Seguro que los atardeceres desde allí son preciosos,
y el sonido de los coches, y el viento del valle
muy suave, como para dejarse

arrastrar.

ME LANZO AL VACÍO

He llegado volando
a una especie de nido
hecho de rocas y ramas,
escupo desde lo alto, estiro mi cuerpo,

aquí arriba me siento bien,

pero tengo que tener cuidado, un buitre levanta sus alas,
creo que no le gusto, el viento mueve ráfagas
de plumas y polvo, desorientado

me lanzo al vacío.

PELANDO NARANJAS

Sigue la pista que
indica ese chorbo de pelo largo,
tiene pintura en los brazos, tiene costo

en un chivato.

Mira en el cielo, un punki espitoso toca
el yembé cerca de una nube,
cerca de una pluma

de pájaro.

Lo mejor y más ligero en una maleta
de ruedas, me despido con los
ojos cerrados y pelando

naranjas.

FLEXO Y ARMARIO

Cuando lanzo una botella contra el cubo siempre miro el cubo,
y ya sé que no tengo que mirar el cubo, pero lo hago,

no lo puedo evitar.

Quiero un cristal en el ojo, un diminuto cristal en el ojo,
quiero tener la libertad de desear lo que
me apetezca y no lo que se supone

que tengo que desear.

Esta misiva no es mía, es de tito Fíodor,
una misiva que impregna mi cerebro
desde que la entendí a golpe

de flexo y armario.