LA PRÓXIMA VEZ NO TE DIGO NADA

¿Sabes
que tú no sabías
que una rata me miró a los ojos?

Ahora ya lo sabes pero te da igual.
No me has pedido ese tipo
de información.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que cómo me siento?

Eso tampoco te importa un pimiento.

Pues nada, tú a lo tuyo.
La próxima vez no te digo nada.

¿Sabes que tú no sabías que la rata eras tú?

Nada, no he dicho nada.
Me callo.
Dejo de hablar ya.

UN TXEMA DE ORO

He
recibido un Txema de oro
por todos mis logros y por ser como soy.

Una lista:

Hago muchas cosas sin vista.
No soy de los que llegan tarde a los sitios.
Ejercito malas artes.
Soy una especie de brujo de rancio
abolengo.
Cago desnudo
como los cubanos.
Tiendo a embaular mis
problemas.
Soy una sombra chinesca que insulta,
un artículo complejo, un espejo
en el suelo.
Tengo poderes mágicos.
Tengo objetivos.
Quiero estudiar en un colegio de madera,
y si pienso en algo, acto seguido
ese algo se convierte en
un disfraz.

MI COCO ROTO

Se calienta tanto mi coco roto
en sueños
que derrite mi coco roto
los tapones de cera
de mis oídos.

Hoy mientras desayunaba
ha salido disparado de debajo de la mesa
un perro de aguas.

No sé si me lo he imaginado.

Se calienta tanto mi coco roto en sueños
que no sería extraño haberlo visto
salir disparado de debajo
de la mesa.

¡BUM!

No soporto
el viento que me despista,
moviendo puertas y ventanas
a su antojo,
sin pedir permiso.

No soporto cuando el sol sale por las mañanas,
orgulloso y creyéndose un rey que
todo lo baña.

Y la luna que se asoma cuando quiere,
que se oculta entre las montañas
cuando le da la gana.

Siempre amenazando
y cuando menos te lo esperas…

¡Bum!

EL POZO DEL MÉDICO

El legendario pozo del médico hoy, en el río Arga a su paso por Larrasoaña (Esteribar).

Se cuenta de un médico de provincias que una vez, paseando a caballo cerca del río, se detuvo entre dos árboles, cerca de un pozo, para espiar a dos muchachas lozanas refrescándose en la orilla, con tan mala suerte que de repente saltó una trucha cerca de donde estaba escondido, asustando al caballo de tal manera que ambos perdieron el equilibrio y cayeron al río. Se ahogaron los dos, el médico y el caballo.