UN IMPOSTOR

No me creo al Papá Noel del centro comercial de Lleida.
Es un hombre corriente disfrazado de Papá Noel.

Saluda con su mano falsa imitando
al más grande, al todo
poderoso Papá
Noel.

Pero se nota que no es él.
Sangra debajo de la mascarilla.
Puedo ver cómo poco a poco se va tiñendo de rojo.

¡Bah!

Hay muchas empresas que hacen lo mismo.
Contratan a un impostor y luego esperan que nos lo creamos.

Pero yo no me lo creo.
Ese Papá Noel es más falso que un pato.

Ay los patos…

¡Cuánta risa forzada esgrimen los patos!
¡Cuánta risa y cuánto derroche!

EL MONAGUILLO

Apoyé mi dedo en el filo del cuchillo pensando que así,
la parte roma del cuchillo cortaría mejor.

Y me corté el dedo índice.
Y no corté lo que
necesitaba
cortar.

Y es que
me despistaba un poco,
y es que me volvía loco un loco
que deambulaba entre los bancos de la iglesia.
El monaguillo lo llamaban, pero lo cierto es que nadie sabía quién era.

Una mujer de papel de periódico
me dijo que se trataba de
un hijo bastardo del
capellán.

Un psicólogo que tiene tres perros y que vive puerta con puerta
con El monaguillo me dijo que no me preocupara,
que nunca salía de casa, y que cuando
lo hacía
sólo era para deambular
entre los bancos
de
la iglesia.

Sea como fuere, apoyé de nuevo mi dedo en el cuchillo,
esta vez con más fuerza, y concentrado
corté lo
que necesitaba cortar.

DAME PIPAS

No abundan las ideas.

Sólo abundan trozos rotos
de cuaderno
roto.

Me rodean un montón de monjas carmelitas.
Cada una de un sabor.
Cada una de un
color.

Una
monja roja
me pide pipas sin mirarme a la cara.

– Dame pipas.

Una monja verde considera:

– Todo puede cambiar cuando nada cambia.

Una
monja rosa dice
algo que no comparto:

– El cambio ha sido brusco y por eso no sientes nada.

No paran de hablar.
Yo no he decidido que aparezcan.

¡Para nada!

Monjas carmelitas de colores…
¡Marchaos!
¡Sólo
abundan trozos
rotos de cuaderno roto
pero eso no justifica vuestra horrible presencia!

¡Demonias de colores ataviadas!

La única monja que no es un color,
la monja vestida de negro
me contesta:

– El negro no es un color, el negro es todos los colores, dame pipas.

ESTÁIS DE MIERDA HASTA EL CUELLO

Hoy
me han tirado
un montón de patatas fritas con kétchup
desde una ventana.

Una
patata frita
me ha rozado el hombro
y he pensado:

Me
gustaría
tener mucho dinero
para poder pagar nuevos conflictos.

Me gustaría poder pagar para veros pelear.
Y observar el espectáculo
desde primera
fila.

Quiero
disfrutar con vuestra derrota.
Jactarme de vuestra relativa victoria.
Quiero ser testigo de vuestro acabamiento
moral y físico.

Qué necesidad tengo de ser bueno si tengo dinero.
Qué necesidad.

Si queréis os mando un Fiat por correo.
Una patata frita, un cordero.

Chavales.

Estáis de mierda hasta
el cuello.

EL MERCADO DE LA CHATARRA

Quiero
mudarme a otro planeta.
Un planeta que no me obligue a reciclar.

He abandonado mi coche.
Lo he dejado aparcado en la plaza del pueblo.
He abandonado todos mis libros.
Libros que ya no leo.

Qué necesidad tengo de conducir.
Qué necesidad tengo de leer
si no se puede ni
respirar.

Quiero mudarme a otro planeta.
Un planeta que no me obligue a reciclar.

Y
empezar a generar chatarra.
Y
empezar a venderla.
Y
hacerme con
ese
mercado.

El mercado de la chatarra.

PAMPLONA HA PERDIDO EL NORTE

Pamplona ha perdido el norte.
Ya no figura en el mapa
en lo referente
a la
construcción descaleras.

El buenismo lo invade todo.
El buenista te saca el cerebro por la nariz
con una navaja larga.

Vampiresados y vampiresadas
acechan en cada esquina.

Sólo se salva Nico.

Nico
el tesorero.
Nico es un tesoro.
Un tesoro de tesorero.

Pero en lo referente a la construcción
descaleras,
nada de nada.

Pamplona ha perdido el norte.
No tienen la misma altura todos los escalones.

Algunos más altos que los demás
hacen que te tropieces
todo el rato.

UN ARGENTINO ZURDO

Un
argentino zurdo
questudia para ser actor
me ha dicho que cuando se muera
le gustaría disponer de un agujerito para ver
el mundo futuro.

Me lo ha dicho sentado en mi rellano,
a oscuras, con peluca de payaso,
exhausto.

Yo
le he dicho
que cuando me muera
no querré saber nada, que nada me interesará.

Hay cosas peores que ser zurdo boludo.

Me ha dicho el argentino zurdo.

Ahora no se me ocurren,
pero hay cosas
peores.