LO VERDADERAMENTE INFERNAL

Encontré una seta
venenosa en un bosque y me la zampé.
Y cuando me desplomé intoxicado entre los árboles,
a excepción de unos pocos pájaros,
no había allí nadie para verlo
y llevarme a un hospital.

Te lo cuento muerto y flotando en el espacio.
Porque como tú y yo sabemos, cuando nos morimos,
todos acabamos flotando
en el espacio.

No es tan malo flotar.

Lo verdaderamente infernal es acabar flotando
lejos de las personas que quisimos en vida,
por toda la eternidad.

LA PERSONA MÁS FELIZ DEL PLANETA TIERRA

Todas las mañanas besos de madera,
caricias de corcho, abrazos
de plástico quemado.

Todas las mañanas cariño seco de primera calidad.

Intentando arrancar su coche
su coche parecía que
le decía:

¡No me toques!
¡No me toques los cojones!

Entonces lo abandonó todo y caminó a la deriva.
Y le cayó encima una tormenta
eterna y sagrada.

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El viento le acariciaba la cara.
Le hacía cosquillas la lluvia en las orejas.

Caminó y caminó y llegó a un descampado.

Se tumbó cerca de un charco y fundida
en el barro se sintió la persona
más feliz del planeta
tierra.

MENTIRA

Un
tobillo roto,
un labio partido,
tres puntos de sutura
en la rodilla.

No lo sé.

Se ha caído
un peregrino en el camino.
Dicen que se ha tropezado con la rama
de un rosal.

Un esqueje han dicho.

Mientras tanto en la playa, la gente se cansa.
Se cansa la gente nadando en la piscina.
Se cansa la gente y yo nunca
me cansaba de ti.

DIJO UN GATO

La piscina voló,
se la llevo el viento.

Voló hacia los rosales y acabó
pinchada y quemada por
el sol.

Ese olor a plástico quemado, es el olor del verano.
Dijo un gato a la sombra de una higuera.

Un gato negro me obligó a comer paloma cerca de la piscina.
Dijo un gato negro masticando
paloma.

Y TODOS CONTRA EL BARRIO

Me has lanzado un bote de
pintura en toda la
cara.

Y luego me has pegado con una tubería,
y lanzado una tapa de alcantarilla
en la espinilla.

Y yo, rodeado de villanos,
te he lanzado un cubo de basura en llamas,
y tú me has contestado con
un puñetazo en toda
la
espalda.

La ciudad es oscura, el humo de las cocinas
de los restaurantes más infectos
se cuela entre las rejillas
de los respiraderos
más infectos.

Las luces de neón parpadean.

Algunas se apagan para no volverse
a encender nunca
más.

Y tú y yo, y todos contra el barrio.