¡Qué de lágrimas deposito en mi almohada por las mañanas!
¡Qué de lágrimas deposito en mi almohada!
Pero ninguna de pena, todas de catarros mal curados.
Volveré a llorar como sea,
ahora tomo NOVIDOL, para no vivir
con dolor.
¡Qué de lágrimas deposito en mi almohada por las mañanas!
¡Qué de lágrimas deposito en mi almohada!
Pero ninguna de pena, todas de catarros mal curados.
Volveré a llorar como sea,
ahora tomo NOVIDOL, para no vivir
con dolor.
Cómo cambian las calles
cuando no estoy contigo,
cuando no estás conmigo,
cuando no estás tú.
El sol brilla para mí entre la lluvia
cuando estoy triste,
cuando arrastro los pies,
cuando me tropiezo con todo.
Imagino que quemamos
una moto en un descampado,
eso ya se hizo,
Guille quemó la suya.
Sólo soy un plato de espagueti con tomate y queso
encima de un radiador, cerca de una ventana,
observando una bonita mañana
de primavera.
Por qué pasear contigo si puedo hacerlo solo,
he montado mi cama, he alimentado con
mis restos a tres perros hambrientos,
sólo soy un plato de espagueti
con tomate y queso.
Recuerdo una terraza del Seville Lounge, tú te sentabas
a mi lado, nos tocábamos las piernas y las manos,
mis dedos jugaban con tus medias
de rejilla blancas.
Observábamos lo mismo, los dos sentados
en el mismo lado de la mesa,
mirando el mismo letrero,
SEVILLE LOUNGE
tú eras un plato de brócoli.
Los niños del Club Deportivo pasan frío en calzones
mientras sueñan con ser grandes promesas
del fútbol moderno.
Me apetece mucho dormir contigo
y abrazarte hasta dormir,
quiero dormir dos
veces contigo.
Y luego en sueños,
y luego en sueños quiero
seguir durmiendo.
Jamón curado era un jamón enfermo,
jamón curado ya no está enfermo
porque alguien lo ha
curado.
No es precipitado preguntar
si existe un hueco bajo la columna
que soporta tu ventana, tiene sentido
si eliges los helados por su color, no por su sabor.
Te juzgo cuando eliges una cesta que no tiene
guante de plástico en el fondo, ni bolsas,
ni trozos de lechuga, ni tallos de
puerro.
Sigues vivo, te pregunto y me contestas
con otra pregunta, cómo odio que
me hagas eso de contestar
con otra pregunta.
No me valen esas respuestas, no me queda
claro si tu helado verde sabe a naftalina,
sigues vivo, te pregunto y me
contestas con otra
pregunta,
cómo odio que me hagas eso
de contestar con otra
pregunta,
pero a ti no te odio.
Te lo cuento por
teléfono, cerca de un túnel,
tengo miedo, siento que todos
gritan mi nombre.
Me oculto, te describo un babero en el suelo,
un babero que ya no recoge
babas.
No sirve para nada en el suelo, te lo cuento por
teléfono, alguien grita mi nombre a lo lejos,
alguien plancha la oreja sobre un banco
de piedra, cerca de unos juncos.
Necesito esa voz que me reconforta, necesito
que desaparezca, entro en el túnel
y se corta la llamada.
Una persona cremosa
es una persona de cuarto de baño,
una persona de factura
reposada.
Una persona cremosa piensa como la haría
una persona cremosa, le dejan bastante
loco tus llamadas y opina que la vida
es una trampa maravillosa.
A veces se siente como un cangrejo,
a veces come lodo, a veces un
pato loco, a veces una
gaviota.
Yo vivo,
yo acumulo polvo en los hombros,
si salgo a la calle, me rozan los coches,
si soy una señora, soy esa señora que todo lo compra
en Punto Roma.
Mi oculista dice que tengo los ojos muy bonitos,
que parecen marrones, pero que al microscopio son
de muchos colores.
Miro la vida y veo una madre y su hija,
las dos de amarillo.
El cuento romántico sigue de moda,
es la tela de araña que atrapa tu
reflejo, es un clavo ardiendo,
son tus ojos de
cordero.
Luego están los caramelos,
no caducan envueltos
en papel arrugado,
(sencillamente)
saben raro.
Cuando te aferras a lo indecible
es bueno tener cerca
un caramelo,
y es bueno tener un final para tu cuento,
lejos de casa, tu pecera muerta
flota en la espera.