
Mi
toalla
ha pasado
toda la noche
solita colgada en
el
tendedero.
¿Habrá sido una noche triste para ella?
¿O por el contrario preferirá la oscuridad de un patio
de vecinos a la oscuridad
de mi cuarto?

A
veces soy feliz despierto.
A
veces soy feliz dormido.
A
veces soy infeliz dormido.
A
veces soy infeliz despierto.
¿Cuál es la diferencia entre ser y estar?
Estoy contento.
Estoy triste.
¡Qué más dará!
Un vecino sube las escaleras.
Puedo escuchar sus pasos desde la ventana de mi dormitorio.
Oigo cómo jadea y abre la puerta de su casa.
Parece por su jadeo, o cansado, o infeliz despierto.
O está triste, o está contento.
¡Qué más dará!

La casa de Belinda
está llena de mini ceniceros.
En cada mini cenicero sólo cabe
una colilla.
Hoy se ha fumado cuarenta cigarros.
Cuarenta cigarros repartidos por toda la casa.
Su casa es un gran cenicero.
Su casa es un gran cenicero de amor verdadero.
De amor verdadero.
De amor verdadero.
De amor verdadero.
La casa de Avelino está llena de mini botellitas.
En cada mini botellita solamente cabe
un trago.
Hoy se ha bebido trece botellas.
Trece botellas repartidas por toda la casa.
Su casa es un estercolero.
Su casa es un estercolero de amor
verdadero.
De amor verdadero.
De amor verdadero.
De amor verdadero.

Adoro mis ojos rojos.
Quiero mi blanco del ojo rojo,
no blanco.
Son mis ojos sensibles, siempre lo han sido.
Vulnerables, finos termómetros de mi estado de ánimo.
Puedo mentir pero ellos siempre me delatan.
Estúpidos ojos que me acompañan
desde niño.
Ojos de cordero degollado un día de resaca.
Ojos de felicidad y culpabilidad.
Ojos tristes, ojos llorosos.
Ojos enfermos.
Ojos de loco y de tonto.