¡Una desgracia!
¡La mía es vivir!
Gritaba un hombre gordo apoyado en su muleta
en plena ola de calor.
Se saca un un sobresueldico.
Dijo una giganta con gafas.
En el Corte Inglés un cura miraba camisas negras.
En una fachada cercana una mujer fregaba una ventana.
Nuestro protagonista lanzó un lapo al aire y ese
lapo hizo un tirabuzón blanco.
Es el olor a seto de pino lo que nos vuelve locos.
Es el olor a seto de pino que separa una finca de la calle
lo que nos vuelve loco y NO el calor.
