
Ya no tienen ni pies ni cabeza.
Ya no tiene mi cabeza pies
ni mis pies cabeza.
No tienen ni mis pies ni mi cabeza
ni pies ni cabeza.

Ya no tienen ni pies ni cabeza.
Ya no tiene mi cabeza pies
ni mis pies cabeza.
No tienen ni mis pies ni mi cabeza
ni pies ni cabeza.

Me levanto y observo el golpe
que le han dado
a mi coche.
Y me da rabia.
Y me da rabia porque
nadie lo ha visto, y me refiero
al golpe, y no me refiero al coche.
A mi coche la gente lo ve
tan a menudo…
Es verde.
Es pequeñito.
Es un coche de antes
de que fuera raro ver gente
con paraguas por
el sol.

Somos,
éramos aspersores
borrachos, drogados.
Éramos gente.
Éramos la pisada de un gigante.
Éramos seres microscópicos.
Nos preguntaron.
A mí, me preguntaron.
¿Te gusta la caca?
No.
Y nos contestaron.
¿Cómo lo sabes si no
la has probado?

Elijo una
plaza sin gente
y peino la plaza sin gente.
Me lanzo una misiva
que no es trivial.
Se ha quedado buena tarde.
Y así me quedo.
Barriendo flores y colillas.
Pensando que una plaza no puede ser
Mojigata
Timorata
Gazmoña
Santurrona
Beata
Pensando lo que decía el abuelo
de una chica que hace
tiempo que no veo.
Hay más tontos que ventanas.
Y en el fondo me siento en el fondo
de un congelador rodeado
de cajas de gambas.
Parecen cajas de puzzles las
cajas de gambas.

Soy un
mellado especial.
Soy una botella de vino
llena en el fondo de un lago.
Mato, aplasto una polilla y limpio
la mancha que deja
en el mueble.
Una tristeza lánguida, que
no es ampulosa invade
mi cuerpo.
No es tan duro que se esfume la vida…
Mucho más duro es que se
esfume el amor…

He levantado la persiana
Que llevaba días sin levantar
Y dos polillas ciegas de un ojo
Han volado en círculos
Hacia una fachada iluminada
Por el sol
Hacia allí nos dirigimos todos
Hacia allí me dirijo yo
Ciego de un ojo
¿Por qué levantaste la persiana?
¿Por qué papito Dios?

Dormir, sudar, tener pesadillas.
Limpiar enchufes con bayetas mojadas.
La sensación de no saber hacia dónde te arrastrará
la corriente de la que saldrás a flote.
Son tres paralelas.
Pero es todo tan absurdo…
Pero el mundo es tan castigador…
Pero no enseña.

Todo el rato jugando.
Tú conmigo y yo contigo.
No lo sé.
Pero al final me has picado tú a mí.
Y no yo a ti.

Si te gusta cómo soy
paga el precio de
cómo soy.
Esto es,
poesía de oro.