
Por la noche oscura
veo cruzar a una hechicera color de luna.
Su nobleza y su brillo reverberan
en el valle dormido.

Se levantaba e iba al despacho.
Se levantaba e iba al despacho.
Se levantaba e iba al despacho.
¡Dejadle! ¡Que ha comido vino! – Decían los otros.
Pero a él no le importaba nada lo que dijeran los demás.
Se levantaba e iba al despacho.
Se levantaba e iba al despacho.
Se levantaba e iba al despacho de vino.

El abuelo no era tonto.
El abuelo leía mucho.
Le dijeron al abuelo que se iba a morir.
Se lo dijo la abuela que tampoco era tonta.
Luego murió el abuelo y la abuela leyó.
Leyó y leyó hasta que secó su cerebro y murió.
Amor, enséñales la foto del tumor. – Dijo la abuela.
Deja, deja. – Dijo el abuelo.
Y se fueron cogidos de la mano derecha ella y de la mano izquierda él.
Y desaparecieron entre las nubes del cielo con un libro
en la mano izquierda ella y en
la mano derecha
él.

Hoy me he acordado de ti
en varias ocasiones.
Supongo questá bien esto.
Suponiendo que me caes mejor quel resto.
Me gustaría recomendarte al mejor poeta del mundo.
Pero todo puede esperar.
Solamente tres
sílabas.
Pe
Cas
Cor
Creo tener un eco en tu voz.
Esto es importante y que tú tengas un eco en mi voz.
Y que todo rebote hasta el amor.
Que sea un colchón.
Que nos subamos a los árboles
como el barón rampante.
Enamorados.
Y vestidos de ardillas o de zorros
conozcamos a Napoleón.

Sueño que sueño
que me levanto de la cama
y entonces sueño despierto que sueño
que me levanto de la cama
y sueño despierto.
Sueño despierto que vine a estudiar moda a Barcelona.
Sueño despierto que los domingos son días
de
nachos con guacamole.
Sueño despierto que me tumbo en la cama
y sueño que sueño que me levanto
de nuevo y me tropiezo.