EL MAGO VAGO

Hola, me presento.
Me llamo Almenos Hagoalgo.

La gente me conoce como “El mago vago”
porque nunca preparo mis
trucos.

Si no me demuestras que no eres gilipollas es que eres gilipollas.
Si planto un pino en Portugal planto un pinho en portugués.

El otro día me denunciaron por pegar
a dos niños que atosigaban
a una paloma.

HOY ME HA DADO POR PERSEGUIR

Poco
salgo de mi barrio.
Cuando paseo lo hago siempre por el mismo
paseo.

Parezco roble noble sin serlo.
Como San Juan, que parecía roble noble
sin serlo.

Hoy
me ha dado por perseguir
a un niño chino y a su madre china.
No tenía nada mejor que hacer que perseguir
a ese niño chino y a su madre
china.

A eso he dedicado mi paseo de hoy.

Pareciendo roble noble sin serlo,
he perseguido a un niño
chino y a su madre
china
sin quererlo.

UN PUEBLO PERPENDICULAR

Transito un pueblo perpendicular cerca de mi pueblo.
Allí el cielo es de otro color y todo es más nuevo,
menos de verdad.

Casi todo es igual pero vive otra gente y las casas,
y las calles están
al revés.

Es
como si mirara
mi pueblo a través de un espejo.

Cuando
camino despacio
por su avenida principal nadie me conoce.

Es extraño.

Soy un extraño a pesar de que reconozco ese
pueblo como si fuera el mío
sin serlo.

MI MERIENDA

Nos empeñamos en desayunar.
Nos empeñamos en comer.
Nos empeñamos en
cenar.

Nos
empeñamos
cuando lo mejor de todo
es merendar.

Merendar es lo mejor.
Merendar es lo mejor.

Me gusta comerme las hojitas verdes de las fresas.
Me como las hojitas verdes y tiro la fresa.
Me como las hojitas verdes
y tiro la fresa.

UNA TARDE EN CRONOPIOS

Rompí
todos sus bolígrafos,
la pantalla de su ordenador
y el teclado de su máquina de escribir.

Le rompí las manos y los pies y de un palizón
lo postré en una silla de
ruedas.

Pero a pesar de todo él seguía escribiendo sus poemas de mierda.

Porque… soñar es escribir. – Me dijo estirando su fino cuello.
Los poetas de verdad no necesitamos ni las manos
ni los pies para escribir… Sólo necesitamos
soñar… Que nadie te diga de qué
color son tus sueños.

Mi
cara
era un
poema de
mierda cuando
escuchaba sus palabras.

Tienes razón. – Le dije.

Y le disparé un puñetazo a bocajarro.
Y le rompí el cuello y el oriller.
Y no volvió a soñar nunca
jamás.