UNA TARDE EN CRONOPIOS

Rompí
todos sus bolígrafos,
la pantalla de su ordenador
y el teclado de su máquina de escribir.

Le rompí las manos y los pies y de un palizón
lo postré en una silla de
ruedas.

Pero a pesar de todo él seguía escribiendo sus poemas de mierda.

Porque… soñar es escribir. – Me dijo estirando su fino cuello.
Los poetas de verdad no necesitamos ni las manos
ni los pies para escribir… Sólo necesitamos
soñar… Que nadie te diga de qué
color son tus sueños.

Mi
cara
era un
poema de
mierda cuando
escuchaba sus palabras.

Tienes razón. – Le dije.

Y le disparé un puñetazo a bocajarro.
Y le rompí el cuello y el oriller.
Y no volvió a soñar nunca
jamás.

UN ALEGRE CAPULLO

Soy
un alegre capullo.
Descontradigo a todo el mundo
a pesar de que no exista en castellano el verbo
descontradecir.

Miento
todos los días.
Miento diariamiente.

Limpio la televisión, nunca la enciendo.
Me pinto rayas de coca mala con mi tarjeta sanitaria.
Sí, qué pasa, soy un alegre capullo.
Descontradigo a todo el mundo
e invento frases
como:

Abro la boca e invito salir a
una mosca empas
tada.

LA INCIDENCIA

Tengo
un nuevo amigo.
Lo tengo apuntado en mi lista de contactos
como
Carlos Cecotec.

El otro día vino a reparar mi nevera.

Nos hicimos íntimos en seguida.
Lo nuestro fue amistad a primera vista.
Luego le mandé la factura de compra por wasap.

La necesitaba para cerrar la incidencia.