Tan solita vive
la garza entre los juncos,
lejos de Cortylandia, lejos de
todos los gremios.
Tan solita y tan feliz se acicala
entre la sombra de una
piedra y una
planta.
Tan solita vive
la garza entre los juncos,
lejos de Cortylandia, lejos de
todos los gremios.
Tan solita y tan feliz se acicala
entre la sombra de una
piedra y una
planta.
Una puerta
de La Casa de las Carcasas
chirría mi nombre completo y la
misma pulga de siempre
chupa mi sangre.
Ya estoy
cansado de que todo
salga según lo previsto, hoy la cosa
va de mangueras.
Salgo a la calle
y congelo mis manos,
y veo el tapacubos de mi
segundo coche rodeado de flejes
y trozos de ladrillo,
y salgo del río por unas escaleras de cemento,
y entro de nuevo, y mojo mis pies
todas las noches,
y pienso que no remonta el cangrejo la corriente,
que se hunde a cada paso que da
en el barro del fondo,
y pienso que mis problemas serán
otros cuando haya
muerto.
Como de juguete avanzan
desde lejos un coche de policía
y una bicicleta.
Un diminuto señor atraviesa la calle
con una microscópica barra de pan en la
mano.
Una mini señora de ochenta y siete años cruza
el paso de peatones apoyada en su
mini bastón.
El veintiséis de diciembre
tengo mi cita con
Pluto.
¡Auuuuuu!
Espero acordarme y espero que no
me despiste tanto mirarte, hay
algo de tus ancestros en tu
manera de atizar
el fuego.
Mañana me duermo en el coche hasta
el veintiséis, tengo una radio que
sintoniza las conversaciones
de mis vecinos.
– ¿De partido hoy?
– Mañana.
– ¿Mañana? Muy bien.
Tengo una radio que lo sintoniza todo.
– Me llamó la Vitori y claro, la Vitori llamó a la Juli.
A veces pienso
distinto lugar a la vuelta
y entonces lanzo una moneda
contra un árbol.
Mientras hago cualquier cosa, si descubro
un pájaro carpintero, casi seguro
que alguna señora sale de
la consulta del
podólogo.
Esto me pasa por pensar,
eso me pasa por hacer
cualquier cosa.
Os
Dedico
Este poema.
Calentadores
De copas de vino,
Escarabajos de libro,
Especímenes que deambulan
La noche sin mucho
Que ofrecer.
Este poema
Dedico
Os.
Me daba pena, me daba mucha
pena mi cabeza
pequeña.
Me daba pena,
me daba mucha pena
mi cabecita
y por eso atropellé un globo rojo,
y por eso lloraba y gritaba
dentro del coche.
La cosa es que nunca tuve mi público
y por eso me quedé absorto
mirando al búho.
Ese árbol tiene
tan pocas hojas que casi se pueden contar
con los dedos de ochenta manos,
mira cómo dobla sus hojas
el viento, mira cómo
las dobla.
No arranca
el motor todo el rato
como en las películas de terror.
No arranca el motor todo el rato, qué pena
que no me siga nadie con un cuchillo
en la mano.
Qué pena, qué bonito el cielo,
qué pena o qué bendición
que albergue tanto
tarado.
A una calabaza el planeta tierra
se parece girando, a una
calabaza que se pudre
todo el rato.
Con una
rueda de carretilla
me dirijo al fin del mundo.
Piso un charco de color azul,
sigo la línea de color azul,
tengo ataques de
felicidad.
¿Cuándo sabe un viejo que mira las obras
que se ha convertido en un viejo
que mira las obras?
Piso un charco de color azul,
sigo la línea de color azul,
bajo la persiana de mi
habitación con
fuerza.