
Un
ilicitano que
visitaba Barcelona y que paseando por la rambla de Cataluña
pasaba más desapercibido que un teléfono móvil negro
sin batería con funda negra sobre una mesa
negra me dijo:
Los turistas de Barcelona huelen a mierda.
Huelen muy mal.
Huelen como a pedo rancio y a sudor.
Me
lo dijo casi llorando
mientras se bebía una lata de cerveza sin alcohol.
Delante de nosotros un montón de niños jugaban en unos columpios.
Un montón de mini mochilas de colores
reposaban en un banco
cercano.
