
Pamplona es una ciudad muy bonita y muy aburrida.
Larrasoaña es una villa, un trébol de cuatro hojas.
Tengo un neurofibroma en la espalda.
Robo caramelos en el tanatorio.
Mi
madre
y yo mirando
girar el tambor de una lavadora.

Creo que ya lo dije.
A veces lloro pensando en mi funeral.
Lloro pensando en las personas que dejaré, en las que se quedarán.
Me imagino a unas rezando.
A otras riendo.
Y a otras respirando por fin.
Pero las personas que más pena me da imaginar son
las que llorarán porque ellas saben que tarde
o temprano llegará el olvido.
Como un perro ladrando al viento,
como un perro ladrando
a la nada, siempre
llega.

Puedes
desear estar en otro lugar,
pero no puedes desear que vas a hacer algo.
Lo haces y ya está.
Es tan divertido y sencillo si lo intentas…
Es como esa barba postiza en un charco del suelo.
Es de Papá Noel porque la barba es blanca.
Venga va.
Siempre es un buen día
para dar los buenos
días así que:
¡BUENOS DÍAS PARA TI, PARA MÍ, PARA TODOS!

En mi bloque vive peña hortera.
En mi bloque vive peña horrible.
Supongo que como en el vuestro.
Peña normal que se levanta a las ocho de la mañana
y pone su música de mierda
a todo trapo.
Y luego está el que pone inciensos todo el rato.
Debe
tener más
de cuatro cuerpos humanos
descuartizados debajo de la cama.
Y esto sólo son cosas de peña hortera y horrible.
Las dos haches.
Hay cosas peores, lo sé.

Recuerdo
el olor a saliva de mi madre
de cuando mi madre me limpiaba
la cara con saliva.
Recuerdo el olor a plástico quemado, y a piedra, y a barbo.
Recuerdo el olor a perro muerto a finales de verano.
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Todavía escucho el sonido de un motor cerca del río,
como un zumbido lejano que me impide
ser feliz
como lo fui entonces.