
Me dio lo
mismo
que
lo mismo me dio.
Ella se fue borracha con una botella de agua
llena de agua en la
mochila.
Yo estaba, era, una sombra en la pared.
Era una paloma muerta en el suelo.
Morí caminando.

Era
como si notara
la presencia de dos fantasmas.
Uno feo y otro su gemelo igual de feo.
Me dijeron el vacío existencial de una patraña.
Me dijeron la sombra de una señal.
Yo no dije nada.
Me limité a esperar el vacío existencial,
la sombra de una señal.
Pero no pasaba nada y los dos fantasmas estiraban
su sábana sucia por la zona donde
supuestamente estaba
su polla.

Vesperboy
nunca madruga.
Nunca sale de noche ni tampoco
a mediodía.
Vesperboy
sale por la tarde.
Sale cuando el sol de su barrio se oculta
entre los edificios.
Vesperboy
es un santo de sombra larga.
Te bendice con su presencia entre las siete
y las nueve post meriendiem.*
*Juego de palabras en latín inventado por mi amigo Jon Arriazu que significaría “después de la merienda.”

Reírme de alguien sinquesentere
con alguien a quien quiero
es algo inofensivo,
es algo bueno
para
el mundo
que habitamos
tú y yo.
No me creo mejor que nadie.
Soy un detector de baldosas levantadas.
Arrastro los pies y me tropiezo con todas.
Pero contigo melevo a tres centímetros del suelo.
Me río del resto sinquesenteren.
Y no me tropiezo.