En busca de Marta

Se han propuesto hacer caja con Marta, la chica desaparecida en Sevilla, y lo están consiguiendo. Este fin de semana detuvieron a los presuntos autores de su desaparición. Desde entonces no han sacado el caso de la programación. Algo tiene el tema que se les comienza a ir de las manos. Se habla tanto de la maldad de estos tipos que los están convirtiendo en personajes televisivos con su atractivo lado oscuro. Parece que ha llegado el momento de resucitar el morbo que en su tiempo tuvieron publicaciones como El Caso . El crimen cumple con todos los requisitos para permanecer en antena el tiempo que haga falta. Búsqueda en directo, tertulianos, colaboradores, especialistas, toda una caterva de cotillas le están sacando punta al terrible asunto. El papel sacrificado de la familia es descorazonador. Con las fuerzas que les quedan después de una búsqueda agónica, acuden a cada llamada de la tele para conseguir la notoriedad suficiente que haga que la justicia llegue implacable a los verdugos. Ya es triste que los ciudadanos tengan que dejarse ver (ocurrió lo mismo en el caso de la niña Mari Luz) para que les hagan más caso. Parece admitido que la justicia y la Policía sólo se ponen las pilas si el tema está en la opinión pública. Y ya es casualidad que el renacimiento de este género periodístico coincida con la crisis económica. Un género que tiene mucho de linchamiento público de los autores, pero que juega de manera inmisericorde con quien está sufriendo. Este despliegue mediático en torno al caso de Marta es como esos buques arrastreros que todo lo atrapan y lo mezclan. Lanzan sus redes por las aguas revueltas donde dicen buscarla y lo único que consiguen es enturbiarlo todo. La información del caso dura cinco minutos. Se están empeñando en vender humo donde sólo hay dolor. Pura palabrería en medio de la pertinaz injusticia.

3 comentarios sobre “En busca de Marta”

  1. Un gusto leerte Javier:

    Resulta repugnantemente placentero -vaya oxímoron- ver cómo coinciden contigo, las ideas expresadas en mi jardín donde la reflexión es deporte obligado: y ambos aún, coincidimos con Guy Debord.

    Y digo que es repugnante por los mass-media y su tratamiento: hacer espectáculo de todo, hasta de lo más luctuoso. No en vano a mi familia les suelo saltar con un «¡ya está El Caso otra vez!» con más de una cadena de «drogavisión».

    El espectáculo que en mi jardín denuncio como cortina de humo que tapa problemas económico-laborales, se traduce aquí en más ignominioso si cabe…

    Un saludo Javier.

  2. Hola Iñaki. La verdad es que nos estamos instalando en esa insensibilidad que produce la repetición diaria de las atrocidades. El más difícil todavía no es ficción, nos lo ofrece a diario la realidad. Si encima nos dedicamos a incrementarlo, pues apaga y vámonos. Mejor dicho volvamos al jardín de Epicuro a charlar un rato. Salud compañero.

  3. Hola Iñaki. La verdad es que nos estamos instalando en esa insensibilidad que produce la repetición diaria de las atrocidades. El más difícil todavía no es ficción, nos lo ofrece a diario la realidad. Si encima nos dedicamos a incrementarlo, pues apaga y vámonos. Mejor dicho volvamos al jardín de Epicuro a charlar un rato. Salud compañero.

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