Verle la cara

En esa manera recurrente en que la tele utiliza al cine como apuesta segura, TVE programó la película La sombra de la libélula para la noche del martes. Allí el actor principal, Kevin Costner, que interpretaba al jefe de urgencias de un hospital, decía: «la gran mayoría de los accidentados lo último que ven en su vida es la cara del médico de guardia». La frase da miedo de sólo imaginarla. Pero ayer pudimos comprobar, al estrellarse el avión de Spanair, que la realidad supera en ocasiones a la ficción. La gran mayoría de ocupantes del avión no tuvieron ni la oportunidad de verle la cara a los médicos de urgencias porque se los tragó una gigantesca bola de fuego. El destino nos entregó una de esas loterías en forma de tragedias que aguardan camufladas en un pliegue de la normalidad de una tarde de verano. La de ayer en Barajas coincidió con los informativos y fue tan cerca que muchas cadenas emitían imágenes que ellos mismos grabaron desde los edificios donde se encuentran. La intrigante columna de humo que se veía a lo lejos en realidad era un infierno de fuego de proporciones impredecibles, pero que ya se anunciaba como incompatible con la vida. En pocos minutos millones de personas llegamos a imaginar que podíamos haber sido un pasajero más del avión de Spanair que partía de Madrid con destino a Gran Canaria. Las cadenas hicieron un gran despliegue hasta convertir la tarde en una de esas jornadas en las que la información y el directo valen su peso en oro. Poco a poco los espectadores fuimos volviendo despacio a la rutina de nuestras vacaciones o al estrés del trabajo. El escalofrío pegado al cuerpo, pensando en esas personas a las que el destino ni siquiera les dio la miserable oportunidad de verle la cara al médico de urgencias.

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