Peñazo olímpico

Las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos recuerdan a aquellas películas que ponían por Semana Santa en televisión que duraban toda la tarde. Un espectáculo monumental y todo lo que quieran, pero que no lo aguanta nadie, salvo algún meapilas y, en el caso de las Olimpiadas, los turistas que hayan ido de vacaciones, los periodistas de Madrid que los retransmiten, los mandamases del mundo y, claro, los deportistas que protagonizan el desfile. Porque a las Olimpiadas unos van a competir, otros a vivir la experiencia de su vida, otros a vivir como príncipes, y luego están los que hacen la pelota, como el presidente del COI, Jacques Rogge, quien pronunció frases tan incongruentes como «Queda la puerta abierta sobre el futuro», para acabar gritando una frase entre histórica y exagerada de «¡Bravo, Pekín!». El caso es que la llamada delegación española esta vez consideró que el príncipe Felipe está demasiado madurito. Al parecer, de momento, dejaron a sus hijas como candidatas por la competición de patinete, que de todo son capaces, con tal de ofrecerle un golpe de imagen a la monarquía, y le correspondió a David Cal ser el abanderado. El piragüista tiene también el récord de conseguir un par de medallas en los Juegos Olímpicos y seguir en el anonimato. Y es que, en este país, el triunfo y el fracaso corren vidas paralelas. A falta de la Fórmula 1 y las motocicletas, que no les dejan participar, y ya que la selección de fútbol y Raúl no consiguieron clasificarse, pues se han oído voces pidiendo que, por lo menos, que menos que el de la bandera fuera Nadal, que ya puestos, por lo menos, es del Madrid. Ha comenzado el recuento de medallas en las olimpiadas chinas y, hasta que no incluyan la pelota dentro de ellas, yo también paso olímpicamente. Bueno, por lo menos hasta que llegue el atletismo y la final de 1.500.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *