Echar el cierre

ESTOS días de agosto hay estudiosos en las universidades de verano que hablan del futuro de la televisión. Divagan sobre la escasa calidad de los contenidos como si hubiera alguna posibilidad de que se realizaran otros programas alternativos. Lo hemos dicho alguna vez: tenemos la tele que nos merecemos. Ésa que premió el exhibicionismo de una concursante a la que le va la marcha. Gente que no se puede permitir tener escrúpulos porque saben que entonces no durarían ni segundos en cualquier programa. Pero a lo que íbamos: en esos cursos de verano se comienza a hablar de la repercusión que puede tener la crisis (concepto que estos días también parece haberse cogido vacaciones). Unos insisten en que el medio televisivo no se ve afectado en tiempos de recesión. Pero lo que está claro es que con la introducción de los canales de pago esto ha cambiado. Antes uno podría estar en el paro y ahí estaba la caja tonta a su alcance, sin grandes posibilidades de ocio, sí, pero fiel, y lo que es mejor, gratis, completamente gratis. Ahora llevamos ya unos años de plataformas y de pagos con tarjeta. Al parecer, el parón en este tipo de mercado está siendo fuerte. Tanto es así que podría hacer replantearse el negocio a determinados grupos. Si un consumidor reduce a la mitad su consumo es cuestión tiempo que comiencen a echar el cierre los canales temáticos y todos aquellos en los que uno tenga que soltar la pasta. Si la cultura es la que se resiente en una sociedad embrutecida por el sector audiovisual, ahora se cambian las tornas. Antes, la obsesión estaba en tener canales y más canales, ahora con la crisis, es cuestión de tiempo que los usuarios vayamos cerrando esas pequeñas fugas que sufre nuestra economía por tener esa red de canales que casi nunca vemos.

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