Los sacamantecas

MUCHO se habla del daño que la tele puede producir en los niños. Hay gente que siente que la televisión es sinónimo de objeto alienante para los pequeños. Lo malo de esta teoría es cuando se convierte en verdad. Estamos asistiendo a la creación de personajes noticiosos en la figura de los niños. Todo el mundo conoce a Yéremi, Madeleine y ahora a la pequeña Mari Luz. Han sido carne de cañón, primero de los criminales que les han secuestrado o asesinado y, luego, de los medios. El resto de los niños sigue creciendo entre todo este revuelo de informaciones en las que los niños son una mezcla de víctimas y protagonistas. La televisión debería cuidarse mucho de caer en el error de convertir estos crímenes en argumentos centrales de su programación. La infancia es una esponja que lo absorbe todo y, desde luego, no se puede permitir que unos hechos execrables, pero aislados y puntuales, sean el centro de todos los argumentos informativos. La notoriedad televisiva que toman estos criminales, no va a hacer sino que se lo crean. Que se vean como auténticos protagonistas de un circo mediático que utiliza obscenamente a los niños.

Quizás porque la televisión también debiera servir para lanzar otro tipo de mensajes, cada sábado me quedo con El conciertazo . Ya un clásico de la televisión después de serlo durante mucho tiempo de la radio. Fernando Argenta se cuela en la programación de hoy como un Don Quijote cuya Dulcinea fuera, precisamente, inculcar un poco de amor por la música en los pequeños. Lo verán como un iluso. Después de las sesiones de crímenes infantiles su entusiasmo por hacer de la música un instrumento positivo que ayude a los niños es encomiable. Lo malo es que, luego, viene el sacamantecas en los informativos a matar niños y, claro, vuelven las pesadillas.

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