Hasta el canalillo

Hay cierta expectación sobre el talante que demostrarán los políticos en la próxima legislatura. Los cronistas asaltadores de políticos tipo Marta Nebot comienzan a afilar sus micrófonos y a jugarse el canalillo para saber de qué van. Pero no hay pistas fuera de la confirmación de Alonso, ese hombre serio y tranquilo, como portavoz del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. Es tan escasa la locuacidad de este político que su elección es toda una declaración de principios sobre lo que nos aguarda. Y es que los programas pendientes de las declaraciones de los políticos están perdiendo la pujanza que tuvieron o, directamente, han desaparecido, como le ocurriera a CQC . El caso de Noche Hache fue un fenómeno interesante pues daba la impresión de que el futuro de la televisión podría estar en la crítica política. Pero nada más lejos de esa apreciación. La política no da personajes con tirón y, salvo que aparezca algún Sarkozy por estos lares, esto no tiene pintas de cambiar. Parece como si Eva Hache se hubiera quedado sola ante el peligro del control político. El humor, desde luego, es mil veces más útil para el espectador para entender la realidad política que cualquier tipo de programa sesudo que analice con lupa los plenos del Congreso. La tele durante unos años se ha adueñado de la imagen de los políticos; los esperaba en cualquier acto para sacarlos de contexto y ver su verdadera cara. Es tal el control que los políticos quieren ejercer sobre su imagen que han decidido no entrar en este juego. Si no existieran estos reporteros que los siguen a todas partes hasta cazarlos en renuncio, habría que inventarlos. Han sido nuestros héroes. Se han atrevido a decirles todo aquello que los espectadores pensábamos. Ahora son una especie en extinción por el nulo interés que despiertan en la audiencia sus personajes políticos.

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