La BBC y Roma

SI algo ha demostrado el reciente interés de millones de espectadores por la Fórmula 1 es que la gente apuesta por caballo ganador. Hace unos años estas carreras apenas concitaban la atención. El ruido monocorde de las retransmisiones invitaba a bajar el sonido hasta que no se oyera nada. Desde que Fernando Alonso hiciera su aparición, este fenómeno ha pasado a convertirse en afición. Esto mismo había ocurrido antes en Francia con Alain Prost, en Alemania con Michael Schumacher y recientemente, en Inglaterra, con Lewis Hamilton. Tantas expectativas ha levantado este piloto que la cadena pública BBC se ha hecho con los derechos que desde hacía 12 años poseía la cadena privada ITV. Los ingleses le han visto filón al automovilismo y no quieren perder la oportunidad de hacer patria. Lo bueno para los aficionados a este deporte es que las retransmisiones no serán interrumpidas por los inmisericordes cortes publicitarios. Cortes que en el pasado mundial hicieron que los ingleses se perdieran aquellos momentos fatales en los que Hamilton desperdició inexplicablemente la oportunidad de ganar el mundial por un error suyo. Y es que la publicidad es una interferencia que condiciona tanto la televisión que acabará con ella. La cadena pública inglesa no renuncia al liderato. De nada sirve una televisión pública sin espectadores. Saben que un evento como la Fórmula 1, como le ocurriera a Telecinco, puede ser el espaldarazo definitivo hacia el liderato. Eso siempre que el resto de la programación esté a la altura. Aquí la BBC también se lo monta a lo grande. Junto con Cuatro, estos días nos han ofrecido los diez capítulos de la segunda entrega de la serieRoma . Las series históricas son una apuesta segura. Y es que por más probaturas que se hagan, hay experiencias exitosas que, simplemente, hay que repetirlas para no equivocarse.

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