Aznar, lucha libre

Hay guerras perdidas de antemano, como la de obligar a comer pochas a quien no le guste, que Aznar reconozca que se equivocó en lo de la guerra de Irak o que a un niño le gusten los mamporros que se dan en la lucha libre. La opinión publica, unos, y la influencia paterna, otros, se la pasan las criaturas por donde les viene bien. Uno pierde el tiempo si lo que critica es Pressing Catch o si dices que uno de sus púgiles, el gigante Batista, por poner un ejemplo, es un descerebrado. Pero, como en el caso de la guerra de Irak, de la que a diario vemos sus efectos en forma de cuerpos mutilados y destrucción, sin que el mundo sepa a quién reprochar ese vergonzoso negocio de la guerra, en la tele de nuestros niños se nos ha colado de rondón Pressing Catch. Dicen que actualmente es el programa de entretenimiento de mayor éxito del mundo. Emitido en más de 100 países y traducido a 17 idiomas. Buena parte de su éxito radica en todos esos ingredientes que rozan lo delictivo, además de abrazar la estética más hortera y los más bajos instintos. Si alguien hubiera apostado a que, en pleno siglo XXI, el programa más atractivo entre los niños giraría entorno a un cuadrilátero, yo desde luego no gano la apuesta. Un juego de moda que alterna las peleas, los golpes bajos y traicioneros, un espectáculo de esa naturaleza, dudo mucho que aporte algo positivo a un niño. Pero ahí lo tenemos. Sus actores son recibidos como auténticas leyendas de la pantalla. No hace mucho que Pablo Motos, en El Hormiguero, realizó la peor entrevista del año a Batista que, como no supo responder a las preguntas, decidió quitarse la camiseta para mostrarnos sus portentosos músculos como Aznar su desfachatez cuando dice que no se arrepiente de lo de Irak. Puestos a comparar, prefiero para los niños los bíceps y los mamporros, es menos delictivo.

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