Mentiras piadosas

Puede que, con el tiempo, lo que se estile sea reponer El Código Da Vinci o Harry Potter pero, de momento, se sigue con la tendencia de salvar el vacío de la Semana Santa a fuerza de películas cuyo guión adapta diferentes pasajes de la Biblia. Siempre es mejor eso que asistir a esas retransmisiones imposibles y aburridas de las procesiones. Espectáculo que, visto en directo, puede que tenga su cosilla pero que, una vez grabado, es una verdadera castaña. Un ladrillo similar al que soportan los concursantes de El conquistador del fin del mundo en el llamado purgatorio, ese lugar en el que van cayendo los concursantes descartados para reaparecer de nuevo para sofocón de quienes los echaron anteriormente. Los que sí deben de vivir en un auténtico infierno son los habitantes de la pequeña localidad de Fago. Dicen que los personajes son inventados, pero basados en la realidad. Teniendo en cuenta que el pueblo contaba con menos de 40 personas, no sé yo hasta qué punto les consolará ver a sus alter ego en la pantalla. Y es que mira que han tenido mala suerte. De todas las posibilidades, han optado por el realismo. Los han recreado con mucha mala baba. O son tarados o como mínimo tienen una pedrada en la cabeza de preocupar. Vamos, que no dejan nada a la imaginación del espectador no vaya a ser que entonces se pierda algo. Asusta un poco tanta celeridad a la hora de reconstruir los crímenes mediáticos. Tal inmediatez puede poner en tela de juicio -nunca mejor dicho-, esa decisión pendiente por parte de un juez; dentro de un juicio justo en el que los acusados se hayan defendido y en el que se hayan analizado todas las pruebas. Los crímenes mediáticos, cuando los llevan a la televisión, son como informativos inventados, están repletos de mentiras piadosas y verdades inconfesables. Puro morbo.

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