Con la copla

Los canales digitales permiten invertir en la televisión que te apetece ver en cada momento. Vamos, es como ir a una tienda de chucherías y empezar a mezclar el regaliz de fresa con las picantes pipas Tijuana. El problema es que, si abusas de la compra, cuando te pasan la cuenta no hay manera de saber si tanto dulce merecían esa pasta. Una vez que lo tienes puedes ver canales autonómicos en los que sobreviven alguna de las grandes estrellas de nuestro universo televisivo. Por ejemplo, descubres que el Loco de la Colina en realidad no está en el paro, sino que sigue con sus Ratones Coloraos en TeleMadrid, o que a la pizpireta Julia Otero, además de oírla en la radio, se la puede ver en TV3. En Canal Sur, han estrenado una versión de OperaciónTriunfo especializada en la copla y el pasado sábado reunió al 40% de la audiencia andaluza. A mí me entran sudores de pensarlo. Haciendo memoria, uno recuerda que durante años las retransmisiones musicales, en realidad, eran eso: copla por aquí, Rocíos por allá, siempre con el carro que se lo robaron a vueltas, lunares, faralaes y Lola Flores a discreción. Aquellos oscuros años sí que duraron y duraron y no esas pilas alcalinas que al final se acaban volando. Fueron la época de las tinieblas en la Edad Media de la televisión. Sin embargo, aquella especialización de los programas musicales en el género de la canción española no creó un público, digamos entusiasta, por estos lares. Más bien al contrario. Aquel abuso del género hacía que el espectador desarrollara una sordera temporal que le ayudara a superar el lance musical sin volverse majara y a ver luego a Félix Rodríguez de la Fuente o el partido de fútbol. Habrá gente que no viviera esos años y piense que exagero. A esos les dejaba yo sólo con el programa ése del Canal Sur mañana, tarde y noche para ver si se quedaban, o no, con la copla.

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