Huidas y silencios


A la gente le está dando por largarse de los platós y dejar al entrevistador colgado. Lo hizo Sarkozy y lo repitió con toda la razón el primer ministro portugués Santana, porque le pararon la entrevista para conectar con la llegada al aeropuerto de un entrenador de fútbol. Aquí la que se fue el otro día de malas maneras fue Isabel San Sebastián del programa 59 segundos , un programa en el que Isabel no sé cómo lo hace, pero habla siempre más de minuto y medio para pasmo de su directora, Ana Pastor. El caso es que José María Calleja se negó a retirar una frase que decía algo así como que lleva años engordando a ETA.

Yo no sé quién engorda a quién, pero que la tele está petada de tipos que llenan sus cuentas corrientes a su costa es más que palpable. Parece como que los políticos de la derecha se hubieran especializado en ir a las cadenas a hablar de sus libros. Vamos, que fuerzan entrevistas interesadas. Aznar quiere vender su Carta a un joven español y, ya que está, vuelve a repetir las mismas burradas sobre la invasión de Irak y los atentados del 11-M, temas en los que hay medios enfangados hasta las cejas y que todavía hoy no reconocen su error.

Una vez más los culpables de estos errores estratégicos son los mensajeros. Javier Pérez de Albéniz abrió un sospechoso silencio en el blog que tenía en El Mundo a raíz de una crítica televisiva que hacía hincapié en la utilización interesada del tema por parte del PP y algunos medios de comunicación, incluido el suyo. «La verdad tiene tantas perspectivas como miradas», profetizaba Albéniz en su crítica. Hay gente empeñada en torcer el eje lo que haga falta para que sus cámaras muestren el lado que quieren ofrecer a sus espectadores y así ocultar como sea el resto. Malos tiempos para la tele: unos huyen porque no soportan lo que dicen sobre ellos; a otros los echan por decir lo que piensan.

Un comentario sobre “Huidas y silencios”

  1. Definitivamente, del «enamorar a la cámara«, algunas cadenas han conseguido que dicho «enamoramiento» acabe en «empalagamiento» para el espectador y, como bien dices, quien forma parte del otrora «enamorar a la cámara» es la forma, y no la esencia.

    Así tenemos lo que tenemos (un ejemplo más: A.R. dedicándose a sí misma horas y horas, da igual la cadena y el contrato multimillonario de la trastienda, o en «su» revista donde hablar de «su» persona….Por cierto, ¿dicho mediático personaje no fue quien escribió la «Ilíada«? No sé, pero hasta en el móvil me la imagino dedicándose horas a «su» insigne persona).

    Es el mundo de las formas: Platón tenía razón. Hoy, la televisión es la caverna de las ilusorias formas: las esencias se perdieron hace años. Tal vez sobre la época en que esto ocurrió y por qué causas, debería contarnos cosas el amigo Javier, pues se halla como pez en su elemento. 😉

    Un afectuoso saludo Javier, encantado de poder volver a saludarte.

    P.S.: El vértigo sigue pero va lentamente (demasiado para quien lo padece, pero bueno, esto es así…) menguando. Tendré que comenzar mi último curso de carrera más tarde de lo previsto… 😕

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