República corazón

COMO las setas, el triunfo en TV nunca se sabe dónde va a crecer. Este año en la tele, como en la montaña, los éxitos son tan escasos como el níscalo. No hay imaginación, ni humedad. La tierra está demasiado seca como para que germinen especies que prosperen hasta acabar en la sartén de la audiencia. En medio de esta sequía ha aparecido un hongo invasivo que promete grandes jornadas televisivas. No sé su nombre, pero podría llamársele Boletus Borbonicus, o algo así. La eclosión de este hongo en televisión tiene toda la pinta de convertirse en una plaga más importante que la lengua azul . Todo dio comienzo cuando Juan Carlos pronunciara «¿Por qué no te callas?». Una simple frase que implica petición, orden y sugerencia a partes iguales. Los medios de comunicación han convertido esta cita real en puro eco mediático demostrando que, en el fondo, hay mucha gente preparada para el gran asalto al palacio. Un saqueo con el cual estos adalides de la prensa del corazón pretenden lograr su sueño inconfesable de mostrar en primicia las vergüenzas e inmundicias de sus majestades. Estamos ante el pistoletazo de salida para que los Borbones entren en la nómina de personajes a despellejar en público. Algunos pensarán (je, je) que ya era hora. Nadie antes había filtrado frases improvisadas en mitad de sus actos protocolarios. Tanto saludo con reverencia, tanto pelar mariscos con cuchillo y tenedor y resulta que dicen las mismas cosas que nosotros mismos. Imaginábamos que en las comidas dirían «la reina y yo pensamos que estos productos del campo recolectados con tanto esfuerzo hasta nuestra mesa están deliciosos» pero en realidad es «Oye, estos espárragos están cojonudos». A este paso, la monarquía, atada y bien atada, acabará desatada por los implacables corsarios de la prensa rosa.

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