Una de fantasmas

LA tele va de concursos y fantasmas. Ayer sin ir más lejos Paz Padilla estrenó El gong show, un concurso cuya única finalidad es la de despilfarrar un poco del dinero público y horario estelar en buscar un concursante con algún talento. Lo mismo vale los que silban sin mover los labios la Quinta sinfonía de Beethoven, que los que enhebran agujas con los ojos cerrados o los que clavan una imitación a Elvis Presley. Nada que objetar sobre todo si con ello nos ahorran el concurso ese de la vaquilla y Ramón García haciendo gracias. Es curioso, la última vez que vimos a Paz Padilla, sus concursantes eran novios y novias que respondían a sus preguntas mientras les sometían a todo tipo de torturas y vejaciones. Un fracaso en toda regla que demuestra que la Justicia no ve la tele ya que, lo más razonable, es que hubiera sido denunciado de oficio por algún fiscal o algún juez desocupados. Los que sí tienen ocupación en televisión son los fantasmas. La temporada pasada Iker Jiménez los puso de moda y, de paso, se convirtió en el presentador revelación y su programa Cuarto milenio, en toda una referencia sobre los inquietantes y, en ocasiones, terroríficos fenómenos paranormales. Quizás para completar este éxito Cuatro comprara la serie Entre fantasmas, en la que una tal Melinda convive con igual intensidad con su novio que con los fantasmas maleducados que no tienen la conciencia tranquila y van a su encuentro da igual que esté en la cama que en la ducha. Todo un ejercicio de indiscreción que su novio asume con normalidad hasta el punto de que buena parte de los casos acaba resolviéndolos él personalmente. Como el tema les funciona ayer estrenaron la segunda temporada de Las voces de los muertos . Entre eso y el final de la tregua en 59 segundos comprenderán que ayer uno se fuera a la cama un poco acojonado.

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