Conquistadores

Quizás lo mire con buenos ojos, pero creo que hay varios aspectos que diferencian El conquistador del fin del mundo de otros programas concurso de encerronas y convivencia. Puede que este cariño a un programa, que de otra manera me produciría repelús, se deba a que los concursantes manejan un acento que me suena, incluidos los tacos y juramentos que son capaces de introducir en una frase. Y cómo no, esa parte de apuesta deportiva tan características de estas tierras. La elección de Juanito Oyarzabal de un lado como capitán de uno de los grupos y del otro, el de Mikel Goñi, puede dar mucho juego. La personalidad demostrada en el primer programa, donde el montañero ejercía de comandante y el pelotari era un colega más capaz de romperse un dedo por ganar una de las pruebas a pesar de tener 39 de fiebre. De momento no sabemos hasta qué punto los concursantes han decidido esconderse detrás de un papel o se muestran tal y como lo harían en la realidad. El concurso es largo y la convivencia dura porque la traición se esconde detrás de cada acto, se encuentre o no la cámara presente. Es posible que Juanito esté más acostumbrado a aguantar las críticas y tenga sus espaldas preparadas para soportar las críticas de sus compañeros. El año pasado se demostró que hasta los mejores actores perdieron su máscara. ¿Recuerdan a aquel bombero que casi llega a la final de buen rollo pero al final le perdió la boca? ¿Y la hermana de Somarriba que su actitud de Bambi le sirvió para ir pasando pruebas? Oyarzabal ya ha demostrado que va a ser todo lo borde que la situación lo requiera, y como esto no es la montaña, puede que sus compañeros se lo pulan a las primeras de cambio. Y de Goñi pues lo mismo: que sus camaradas le pidan menos empuje y más cabeza. El fin del mundo pasa por ir conquistando uno a uno a todos los concursantes.

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