¿Soy lo que veo?

TOMÁNDOSE en serio lo de año nuevo vida nueva, en Cuatro se han inventado un programa titulado explícitamente Soy lo que como. Se estrenó el pasado viernes. Al parecer su pretensión va de buen rollo: cambiar los hábitos alimenticios de la sociedad. Una iniciativa digna de una televisión pública que debería velar porque al menos sus espectadores comamos sano y vivamos muchos años para que sigan chupando del erario público. Pero la iniciativa una vez más ha corrido de una cadena privada. Uno se prepara una de esas opíparas cenas para deglutir delante de la caja tonta y echar la noche sentado hasta las tantas en el sofá y allá le van poniendo al día de las pasadas a las que somete a su cuerpo con esas grasas saturaradas, los azucares sintéticos y todas esas bombas de relojería alimentaria con las que convivimos a diario. En principio, el programa será educativo, como aquel de la Supernanny, que primero ponía a las criaturas a raya y luego se retiraba una temporada y volvía para ver si de nuevo se habían convertido en niños asilvestrados o sus padres habían sido capaces de educarlos con normalidad. Con Soy lo que como después de dejarte un listado de buenos hábitos y la dieta estricta luego se pasan de nuevo para ver qué efectos ha tenido el régimen. Si, milagro, has vencido el trotecillo permanente con el que la mayoría caminamos hacia la obesidad, o se ha producido el cambio y hemos virado el timón de nuestros malos hábitos y nos hemos convertido en defensores de la frugalidad. En una programación repleta de edulcorantes, vísceras y telebasura un programa así debe ser bien recibido. Entre otras cosas, porque una vez resueltos nuestros problemas alimentarios quizás le hinquemos el diente a eso de Somos lo que vemos . Con cuerpo y alma recuperados: ¿Quién aguanta las salsas rosas y los chistes de Arguiñano?

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