Cine o televisión

EL verano comienza a modificar la programación. Las grandes estrellas también tienen derecho a vacaciones, además de posibilidades económicas inmensas como para sacarles partido. Es el momento de las pruebas. Programas a los que se les puede dar una oportunidad que en otras épocas es impensable. Ocurre lo mismo con los profesionales. Ahora, las segundas figuras sustituyen a sus jefes en los programas, comenzando un difícil juego de equilibrismo. Se trata de imitar pero sin caer en la caricatura; hay que hacerlo bien, pero sin superar en ningún momento al sustituido, no sea que se mosquee y a la vuelta lo mande al paro. En estas noches tan sugerentes y mágicas del verano y de San Juan llega la noticia de la muerte, a los 83 años, en Los Ángeles, de Aaron Spelling, uno de los productores más prolíficos de la televisión de EEUU y, por tanto, de todo el planeta. Porque Spelling dio al mundo series como Beverly Hills 90210 , Dinastía, Los Ángeles de Charly y MelrosePlace. Lo curioso del talento de este productor fue su olfato infalible para la televisión, y su fracaso cada vez que lo intentó en el cine. Si por un lado pasará a la historia como valedor de los títulos citados, pero también de Fantasy Island, Starsky and Hutch , ni el cinéfilo más fino se acuerda de algún título suyo para la gran pantalla. Eso choca más cuando, además de las series de éxito, este hombre produjo más de 140 películas para la televisión, entre ellas Death Sentence, que llevó al estrellato al actor Nick Nolte, y The Boy in the Plastic Bubble, la primera actuación dramática de John Travolta. La experiencia del viejo productor judío Aaron Spelling indicaba claramente que los resortes en los que se apoyaba el mundo cinematográfico y el de la televisión no son iguales. Pero quizás hoy esa diferencia prácticamente no exista.

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