Cuéntame el 23-F

Durante años el recordatorio del 23-F fue una necesidad. Y una obligación reponer en tv las imágenes con aquel guión impresionante de: «Quieto todo el mundo». Con los años todo fue perdiendo fuerza y contexto. Se convirtió en un tópico y, hasta cierto punto, pasó a formar parte de ese toque folclórico al que se suele reducir la cultura en el Estado español. Los personajes de aquella patraña se diluyeron en su propia bilis hasta desaparecer del mapa. Eran los últimos estertores de un régimen que se negaba a morir. Este año el tema está cobrando una fuerza inaudita, como de fecha redonda. La peña ha visto tajada en el veinticinco aniversario y se ha puesto a la tarea. Unos presentan libros con datos hasta ahora desconocidos, otros han buceado en los archivos televisivos para recuperar imágenes de segunda hasta ahora nunca emitidas, e incluso algunos atrevidos y poco exhaustivos como Mercedes Milá -esta mujer tiene el mérito de protagonizar todos los programas irracionales- han hecho un relato detectivesco de los acontecimientos. El resultado para el espectador es bastante pobre. Al final, cada 23-F acabamos sabiendo poco más o menos lo mismo. Aquel acontecimiento pasó inadvertido para la prensa desde el principio. Vamos, que periodísticamente no se estuvo a la altura. Dicen que La televisión , es decir, TVE, jugó un papel fundamental. Pues no. Los espectadores lo que vimos fue que el medio sufrió un secuestro vergonzoso. Todas las cadenas celebran las bodas de plata de aquella tarde noche en la que Tejero y un grupo de números de la Guardia Civil protagonizaron la primera serie de policías en tv. Contaron para ello con la aparición estelar de su Majestad el Rey con todo lujo de bandas y medallas. Después de 25 años nadie aporta nada nuevo. Es como si viéramos un capítulo más de Cuéntame cómo pasó.

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