
Un
jevi con falda de cuero
y mullet con rastas me grita desde lejos.
Me dice que aprenda a manejar una ballesta,
una espada, o lo que sea que me sirva
para defenderme del hombre
malo y de los dragones.
Pero yo no necesito defenderme de nada ni de nadie.
No creo en el hombre malo, creo en su estupidez.
No creo en los dragones, sólo creo en
Mortadelo y Filemón.
