
Le
sorprendimos
probándose un traje de lino
borroso delante de un espejo borroso.
Una
bandera tibetana de oración colgaba de la pared
de su cuarto y unos hilillos de incienso
natural de benjuí flotaban
en el aire.
Nos
miró a los ojos durante medio
segundo y después nos
atacó.
