El tiempo y la crisis

Desde que en TVE jubilaron a Maldonado, el hombre del tiempo, han cambiado también el concepto. Si antes el presentador ocupaba la tercera parte de la pantalla ahora los presentadores aparecen en pequeñito delante de un mapa enorme que, a pesar de todo, sigue siendo tan impreciso en la ubicación de las nubes y los asteriscos de la nieve como antes. El efecto de ver a un hombre tan pequeño se hace raro. No sé, es una mezcla de niño y de duende pero con corbata y americana. En lo que no se han cortado es en copiar el sistema de interacción que ETB viene utilizando desde hace tiempo de pedir fotos a los espectadores, que se ha convertido en uno de los atractivos más fuertes de la sección, del espacio o del programa, que ésa es otra. Porque no queda claro si la información del tiempo está dentro o fuera de los informativos o con su efectos especiales es pura ciencia ficción. De cualquier manera sus vaticinios siguen siendo más una cuestión de fe que otra cosa. A pesar de los satélites y las nuevas tecnologías, sus predicciones son demasiado generales como para fiarse de ellas. Quizá por eso la meteorología más fiable para unos sea la más general, ésa cuyo sol ocupa cuatro comunidades autónomas y, otros, lo que necesiten ver es que ese mismo sol esté encima de su pueblo para acabar de creerse que va a hacer bueno. Y una buena noticia es el comienzo de curso del programa Políticamente incorrecto, que consiguió buenos debates en su última temporada. Parece que la discusión televisiva ha bajado en intensidad desde que la crisis hizo su aparición. Los achaques que muestra la economía mundial han cambiado también las prioridades de muchos comentaristas. Continúan las problemáticas e incluso se han incrementado pero, ante la mala salud económica, los analistas se han quedado un poco mudos.

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