Íntimo y cazador

Los que disfrutamos con los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente sabemos, por propia experiencia, del atractivo de los documentales. Tanto es así, que muchos podríamos afirmar con rotundidad que si el documental se ha inventado para la televisión. El problema es que hay mucho directivo que no lo sabe y prefiere crear otros formatos que jamás atraparán la atención del espectador hasta el límite del hipnotismo. El documental es un trozo de vida cotidiana grabado y dejado en exclusiva para los espectadores. El gran atractivo de muchos de los realitys es precisamente su aportación documental. Esa grabación donde la cámara parece desaparecer y el personaje se mueve con la naturalidad, como lo haría si no le estuvieran grabando. Hay planos en Supervivientes que son de lo mejor de la televisión. Se trata de momentos en los que los concursantes pasean solos y se pierden por la isla en busca de leña o comida. La cámara está ahí pero el actúa ya ajeno a ella. Ha asimilado su presencia y es ahora cuando el espectador puede ser testigo privilegiado de la pulsión de una vida con toda su carga de intimidad. Puro silencio de cazador en busca de que, el personaje, no se dé cuenta de estar siendo observado. Como el lince ibérico o el lirón careto, los personajes de Fama, Supervivientes o los conquistadores del fin del mundo, se han acostumbrado tanto a convivir con las cámaras que pareciera que han vivido toda su vida tras ella como si fueran el mismisimo Jorge Javier. Quien por cierto sigue despues de su famosa despedidadel Tomate con su Hormigas blancas este especimen de mosca cojonera, que diría nuestro amigo Félix que hace una crónica subrayada de sus víctimas. Lo peor es que traen a la actualidad personajes mafiosos, tipo Jesús Gil, que las generaciones más jóvenes tuvieron la fortuna de no conocer.

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