Cóctel Madeleine

CUANDO uno se encuentra en TV con el conocido como caso Madeleine, la niña desaparecida en el Algarve portugués, queda claro que se trata de un caso duro de pelar. Parece que estuviéramos ante un caso sofisticado a la altura de los más minuciosos guiones de CSI y que sólo una investigación de este pelo daría con los verdaderos culpables. Como en la serie, nada es lo que parece, y lo que parece da miedo sólo pensarlo. La misma suerte corrió poco antes Yeremi, un niño canario de siete años que 15 días antes había desaparecido de un descampado. Tras la búsqueda mediática inicial los medios abandonaron la isla para centrarse en las pesquisas de la niña inglesa, demostrando una vez más que hay secuestros de primera, de segunda e incluso que hay secuestros que apenas pasen dos semanas se les da por olvidados. Pero volviendo a Madeleine McCann, no se aprecian grandes diferencias entre las pruebas de este caso y las que supuestamente iban a aparecer en el caso de Lady Di. Los rumores mediáticos dieron paso a una versión oficial que nadie se creyó pero que, pasado el tiempo, a nadie importa, porque cada uno tiene su propia teoría. El caso de esta niña está siendo tan explotado televisivamente en la realidad que cuando los productores televisivos lo quieran recrear en la ficción, el tema no va a tener ningún hilo argumental desconocido. Desde el primer día los medios apostaron por Madeleine para hacer de ella una gran protagonista a nivel mundial; supongo que el caso, además de escalofriante, poseía los ingredientes suficientes para crear un cóctel televisivo infalible: niña inglesa, mucho morbo, unas gotas de glamour, cierto toque religioso. Cuanto más lo agitan más pega en la cabeza del espectador y, claro, es tan fácil de beber que lo puede consumir cualquiera y a cualquier hora del día. ¡Parece todo tan miserablemente inofensivo!

Un comentario sobre “Cóctel Madeleine”

  1. La verdad que lo del circo McCann es increible… pero lo realmente escalofriante (dejando a un lado la cara de hielo de la señora y el gesto de muñeco del marido) es… ¿Donde esta la niña? ¿Dónde esta Yeremi? pobres niños.

    Desde mis teclas les envio el mayor de mis besos, estén donde estén.

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