La danza del Tour


El protagonismo del Tour de Francia ha caído en picado en cuanto a la importancia de las retransmisiones televisivas. La jornada de ayer era una oportunidad de oro para que este deporte, maldito por los sucesivos casos de dopaje, recobrara los bríos y el tirón mediático que tuvo apenas hace una década. La vuelta francesa volvía a los Pirineos navarros y allí también les aguardaba la explosión mezquina de dos artefactos que no causaron ningún tipo de heridas, pero que dañaron duramente las posibilidades de que, en el futuro, la ronda vuelva por estas tierras. Bravo. Con todo, el espectáculo fue magnífico; no ya por la bella carrera a la que pudimos asistir, que ésa ya la han plasmado perfectamente mis compañeros de deportes, me refiero a esos planos aéreos que nos permitieron seguirla a vista de pájaro. El día estaba esplendoroso y el realizador francés estuvo, cómo decirlo: sobrao . Los planos desde el helicóptero eran verdaderas coreografías visuales que, además, acababan informando sobre la posición de los ciclistas escapados y del pelotón. Hay que felicitar al equipo televisivo que nos ofreció ayer aquellas imágenes porque demostró que no todo está inventado. Lástima que el resultado deportivo con noticias tan lamentables de sus personajes como la de Vinokourov o la espada de Damocles que pende sobre la credibilidad del líder Rasmussen vayan en su contra. Con todo, los planos vistos ayer en la retransmisión del Tour de Francia estuvieron a la altura del paisaje monumental de los Pirineos y de los miles de espectadores a pie de carretera que se convirtieron en protagonistas. En aquel espectáculo celestial se echaba de menos un poco de cercanía de los comentaristas Delgado y De Andrés y, desde luego, sobraban tanto la sospecha permanente que cubre a este deporte como la frustración generada por los putos artefactos.

2 comentarios sobre “La danza del Tour”

  1. Me da muchísima pena el estado del ciclismo actual, en mi opinión golpeado por una dura crisis que creo que se destapó en el 98 poco después de aquel malogrado y legendario Pantani, pero siento que se recuperará de su mal momento y los nombres tachados de la historia del Tour ,con el paso del tiempo, echará por encima la tierra que tapará para siempre el dopaje. Algo movido por el afán desmedido de la ambición deportivoeconómica y el espectáculo de las masas. Es necesario el régimen inquisidor, no sólo con el ciclista´-«víctima» y desonroso culpable, sino con el entorno tanto médico como corporativo que se mueve a su alrededor (Ahí esta el gérmen) un mundo de superación insana y claros intereses materiales. Como pronosticaba la película de Norman Jewison «Rollerball» de 1975, el futuro deportivo e incluso privado del deportista será controlado por la Corporación, algo que lamentablemente ya no es tanta ciencia ficción hoy en día. Espero que surja esa estrella llamada Jonhatan E. (James Caan) para poner el sistema patas arriba y dominar el deporte únicamente con el sacrificio y el sudor sano de su frente. Te esperamos.

    Un abrazo Javier–

  2. Hola Marco. Ejemplo perfecto el que has puesto y además que se ponga patas arriba el sistema en este caso sería bueno. Esto del ciclismo parece ya el juego de la ruleta rusa,vamos como en El Cazador pero sobre dos ruedas… Abrazo Marco

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