Cola de pescadilla

Comienza el año sin la hermosa competencia entre House y El Comisario la noche de los martes. Ambas series acabaron con el año y lo que nos espera será el enfrentamiento de la tercera entrega del doctor cojo con la nueva temporada de Los Serrano . Competencia en estado puro en una franja en la que saltan chispas. Pero no es oro todo lo que reluce. En estas fechas navideñas lo que vemos tiene un regusto a enlatado preocupante. Es como si los especiales de Navidad los hubieran grabado en verano. Lo que abunda son los concursos y las galas benéficas en las que los mismos famosetes de siempre participan asegurando que todo lo que gane en el juego lo destinarán a una ONG. La industria televisiva en este país es famélica. Seguramente su fragilidad se debe a que los únicos fuertes son cuatro productoras que han conseguido el poder que las cadenas les han ido dejando. El recurso facilón de las cadenas es que para poner en marcha un programa de entretenimiento no tienen otra opción que invitar a personajes famosos. De esta manera, son siempre los mismos cantantes de promoción o los que no se comen un rosco los que acuden encantados de plató en plató, de cadena en cadena. Las aguas de televisión rara vez se renuevan, quizás por eso en ocasiones nos lleguen hasta el cuarto de estar ciertos malos olores. Mientras Globo media se bate el cobre cada martes con la potente industria americana que está detrás de House , el resto se dedica a hacer concursos y galas de medio pelo poniendo la excusa de la solidaridad. Como aquellas campañas de sentar un pobre a la mesa, a éstos sólo se les ocurre hacer un programa a la medida de los famosos. No queda claro si esta iniciativa surge para beneficiar a los desfavorecidos o como burda excusa para contratar a los enchufados que todos conocemos.

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