Reunión de pijos

LA final del concurso de supermodelos ha coincidido con la celebración del torneo de tenis femenino en los campos del Madrid Arenas. Las ocho mejores tenistas del mundo se juegan su primacía al ser el último torneo de la temporada. Desde la presentación de las jugadoras todo parece, más que un tema deportivo, una mezcla de pasarela con toques de exhibición más que espectáculo competitivo. Y es que lo último es hacerse de la Sharapova, de la Kurnetsova o de la Hingis. Más que admiración deportiva, desde la tele se le añaden ciertos toques de culto al cuerpo de estas chicas. Y es que tal y como se las gastan en televisión, no sería de extrañar que en el futuro los deportistas tuvieran que mostrar, además de sus habilidades, otros aspectos relacionados con su cuerpo. Convertir una pista de tenis en una pasarela y viceversa. En el fondo, lo que se adivina detrás de tanta raqueta es que, entre el pijerío, los partidos de tenis son lo más a la hora de hacer vida social. Lo del torneo este de Madrid se parece más a los palcos del Teatro Lírico que a un estadio deportivo. De hecho, mientras los cámaras de TVE seguían el juego de las tenistas, un sinfín de medios apostados enfocaban directamente a los espectadores. Daba igual el juego desarrollado, la velocidad de los saques o la calidad de los golpes de revés; lo que despertaba todo el interés era el palco privado, en el que se estaba cociendo el posible enfado donde la Duquesita de Alba con Gonzalito Miró o las risitas en el palco de al lado de Gallardón, Acebes y otros modernos del PP que seguían las evoluciones de las tenistas modelos. Viendo la grandeza y la capacidad de los campos de Roland Garros, pensados para que el máximo público pueda ver los partidos frente a esta horterada privada de Madrid, uno siente una sensación de vergüenza y lástima. Y de nuevo, TVE, poniendo pasta y patrocinando una reunión de pijos.

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