Colección repetida

LOS anuncios con las más diversas promociones para recoger en los estancos y puntos de venta se caracterizan (Gutiérrez, que le veo) por su condensación. Son anuncios poco sugestivos pero que intentan dar en el clavo. Se trata de coleccionables que intentan los más variados temas; desde el mundo de las muñecas al de los coches o, qué sé yo, el de las navajas albaceteñas. Muchos de estos anuncios publicitarios son genuinos espacios de humor. La parte negativa de todo esto es que cuando los emiten es prueba inequívoca de que el verano toca a su fin. Que llega el curso y con él la necesidad de los humanos de cambiar de hábitos y elegir algún motivo de ocio que nos haga olvidar las vacaciones de verano, con todos los vicios y depravaciones que ellas conllevan. Los del marketing han descubierto que estas fechas son las más indicadas para el lanzamiento y el éxito de las promociones; que serán los futuros hábitos para el largo invierno.

En televisión ocurre lo mismo. Con el final del verano llegan, además de alguna nueva propuesta, los programas de calado. Sin embargo, este verano El Loco de la Colina se ha inventado el género de la repetición como fórmula para que nadie note sus vacaciones. Han ido fragmentando sus entrevistas y dando cierta estructura diferente a los temas más que a los personajes. Lo novedoso es que Jesús Quintero ha grabado unas introducciones con las que repetir de otro modo lo que sus personajes fueron diciendo durante el curso. Desde luego que el programa del Loco ha sido una de las sorpresas del año pero, con su repetitiva presencia durante el verano, le va a quitar notoriedad a su regreso de verdad. La presencia de este entrevistador dentro del panorama existente es una buena noticia. Su mezcla de poesía y rebeldía será un poco postiza, pero es de las pocas revoluciones que podemos esperar en televisión.

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