Mejor con gomas


El verano desde luego no está hecho para asistir a esos interrogatorios sumarísimos que se han inventado en la nueva versión de Salsa Rosa y que, ahora, le han bautizado con el sugestivo e inmerecido nombre de Dolce Vita . Ninguna de las confesiones pactadas que se ofrecen en este programa se podría cambiar, no ya por un paseo nocturno bajo la lluvia de las estrellas fugaces, sino por la lectura minuciosa del prospecto de una caja de condones. Y es que hay algo de goma en este programa. No sé si es porque se la ponen los que se dejan preguntar sobre sus miserias o se la calzan los que preguntan para no escupirle al público en la cara. Y es que el concepto de la pornografía y de prostitución en televisión debería de modificarse. Vamos, que al lado de este despelote emocional bajo talón bancario, si emitieran las gestas de Nacho Vidal y su miembro o las felaciones a pago de Hugh Grant en el asiento de atrás de los coches serían puros y castos pasatiempos. Estos días hemos disfrutado de la exhibición de los fuegos artificiales. El esplendor de la pólvora y el fuego sobre la bahía de la Concha siempre es atractivo. Un año más, ETB, bajo el título de Donostiako su artifizialak , nos ha traído a los que no hemos podido acercarnos hasta allí ese espectáculo pirotécnico más sentimental que otra cosa. Y es que en televisión la pólvora es mojada y no tiene esa fuerza del original. Ni los micrófonos captan la fortaleza de la explosión ni los encadenados suplen el efecto del directo. El espectáculo está ahí y los de ETB deberían seguir buscando esa fórmula mágica que muestre este espectáculo en su plenitud. Puede que si la música llegara en ayuda o complemento de los zumbidos y explosiones todo sería, como con los condones: más distante, sí, pero al mismo tiempo más seguro y, si me apuran, una sensación más mística y reconciliadora.

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