Las informadoras

EN el informativo de TVE han fichado a una rubia llamada Susana Roza que está siendo toda una revelación. Unos ven en ella el prototipo de que la belleza no interfiere con la inteligencia y, otros, afirman que, leer, leer, lee bien, pero que, además, está muy buena. Dice mi cuñada que no ve justa la desigualdad entre la belleza que se les exige a los presentadores de informativos. Vamos, que mientras las chicas que informan son todas de concurso de misses, a los tíos no se les pide que sean unos Adonis. Yo no lo tengo tan claro porque, si fuera así, medio país estaría enamorado de Estíbaliz Ruiz de Azua, Ana Blanco o Begoña Chamorro, de Tele 5. Para mí que estas figuras parlantes que se caracterizan sobre todo por no equivocarse nunca en la lectura y salir indemnes de esos lances en los que no entra la imagen, no tienen sexo. Son como aquellos ángeles o arcángeles de la tradición cristiana, criaturas celestiales que ni una cosa ni la otra. Porque, sí es cierto que ha habido presentadores cuya belleza nada tenía que ver con esos modelos de Pasarela Cibeles. Sin embargo, fueron esos periodistas atípicos quienes intentaron revolucionar al mismo tiempo que darle cierta personalización a la información televisiva: gente como Felipe Mellizo o el mítico e imitado Joaquín Arozarena. Eran tipos normales que hablaban como lo hacen las personas normales. La información televisiva ha ido degenerando hacia otro tipo de dicción más automatizada. Las voces de los presentadores de noticias cada día se parecen más a esas que salen por la megafonía de los grandes almacenes citando los productos en oferta, en los aeropuertos, como si estuviesen diciendo «pasajeros con destino al Prat de Barcelona» o esas cantadoras de bingo que hablan muy nasal: «Sesenta y nueve: seis nueve». A Susana Roza lo que le pasa es que es un es un ángel de verdad.

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