Talibanes del cine

Las críticas a la retransmisión de la gala de los premios Goya han sido tan unánimes que incluso han puesto en peligro la continuidad de los premios. Pero no hay nada nuevo. Ha sido igual de mala que en ediciones anteriores, aunque quizá un poco más larga. Es una pena que la gente se meta con el reconocimiento. Existe la teoría de que incluso los premiados en esta edición van a salir perjudicados. La crítica es injusta, sobre todo porque TVE acostumbra a competir en cutrerío con el resto de las privadas, lo que pasa es que llegan los premios estos y a alguien le entra la vergüenza cultural y, con un par, los echan enteros. Los resultados de audiencia, con todo, no fueron tan malos como cabría esperar de un espectáculo basado en una sucesión de aplausos, vestidos decadentes y chistes malos. Es tal la unanimidad de las críticas que a los críticos nos han dejado fuera de juego. Más bien mosqueados por la intensidad y las intenciones de ellas. De pronto, todo el mundo carga contra la gente del cine. Hay tanto odio hacia la actitud beligerante que mantuvieron en la última fase del Gobierno Aznar que no les perdonan ni una. Como cada año, suscribo las críticas hacia la ceremonia de los Goya por pesada y antitelevisiva. Un espectáculo que sólo podría entenderse por el lado del glamour, el humor y una realización a la altura, se despachó con vestuario hortera, chistes penosos y una realización que no estaba a la altura del despliegue de medios. Lo peor, con todo, ha sido permitir que una gala en la que se premia la cultura sea el motivo para que entren en escena esos talibanes de la derecha. Esa gentuza a la que no le interesa el cine sino el poder. Lo de menos hoy es la gala. Lo que el cine necesita con urgencia son mejores defensores, porque con estos brasas de la Academia acabarán consiguiendo que le pongan un burka.

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