05
sep 14

Super Mario al rescate de una Europa estancada o buscando el milagro del “Draghinomics”

En esta especie de absurdo juego del laberinto en el que se encuentra la economía europea, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se ha enfrentado al Minotauro con todas las armas a su alcance. Nadie le puede negar a este italiano, amante de la ópera y de la tragedia griega, su arrojo al enfrentarse incluso al criterio inflexible del Bundesbank y de los designios del Ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble y la mismísima canciller Ángela Merkel. Ha puesto encima de la mesa prácticamente todo el repertorio de medidas monetarias que desde un banco emisor se pueden poner hoy en día en marcha para tratar de reactivar la actividad económica. Pero a la vez que sorprendía al mundo con la bajada de tipos de interés hasta el 0.05%, él mismo reconocía melancólicamente que todo el esfuerzo del BCE no serviría de nada si no iban acompañadas de medidas incentivadoras y de reformas estructurales llevadas a cabo por los Estados miembros del euro.

Esperemos que Draghi no sea nuestro contemporáneo Ícaro en esta leyenda viva del laberinto de Creta, la de aquel hijo de Dédalo, arquitecto ateniense desterrado a la isla, constructor del laberinto donde el rey Minos hizo encerrar al monstruoMinotauro. Como esperamos que sus medidas no sean hoy como aquellas alas de cera que Dédalo construyó para huir su hijo y él, que les hicieron remontar los muros de su prisión y volar sobre el Mediterráneo, hasta que Ícaro desobedeciendo los consejos de su padre se acercó tanto al sol que derritió las alas y cayó al mar ahogándose. Más nos valdría acabar con la tiranía de la crisis con la habilidad con que Teseo mató al Minotauro, sirviéndose del amor de Ariadna, la hija de Minos que se enamoró de él y le enseñó el sencillo ardid de ir desenrollando un hilo a medida que avanzara por el laberinto para poder salir más tarde.

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Será que los griegos clásicos nos lo dejaron todo escrito porque nuestro trágico devenir actual se asemeja peligrosamente a las interminables luchas de los dioses del Olimpo. La cruda realidad se ha acabado imponiendo a la cerrazón de los dogmáticos del ajuste y los recortes presupuestarios. Se empeñaron en que las economías periféricas, culpabilizadas por sus excesivos déficits, debían pagar el pato del endeudamiento privado causado por los bancos, en gran medida, alemanes y el resultado no podía ser otro que la recesión y el desempleo en cifras millonarias. La consecuencia inmediata no podía ser otra que el estancamiento del crecimiento en la zona euro y la caída drástica de las exportaciones germanas a los países empobrecidos de la UE. Ahora pudiera decirse que tenemos un problema minimizado de déficits, pero seguimos pagando por generaciones la deuda adquirida, no crece nuestra economía y no somos capaces de crear empleo. Todo un éxito digno de pasar a los anales de la estulticia de los manuales de economía.

¿Qué podemos esperar ahora de un espacio regado de dinero muy barato y de la compra de deuda privada a los bancos? Desde el rigor económico es evidente que ambas medidas producen una inyección de liquidez al sistema, jamás vivida en nuestro espacio común. Pero la clave está en saber si la medicina es la adecuada para el enfermo o lo que estamos haciendo es darle una aspirina a un enfermo de cáncer terminal. Nos empeñamos los europeos desde que la crisis nos invadió importada desde Estados Unidos, en arreglar los problemas a base de talonario para sanear el sistema financiero y, sin embargo, castigando duramente el tejido productivo sin obligar a que fluya el crédito a las empresas y con la práctica desaparición de la inversión pública. Hemos permitido que se fabrique la tormenta perfecta. Ahora ya nadie duda de que el problema es de estancamiento y de riesgo severo de estanflación. Pero seguimos incurriendo en el error de poner el énfasis en el dinero, en el vil metal, en la máquina de hacer billetes. Le estamos dando al pirómano la manguera, cuando lo único que sabe hacer es incendiarnos el bosque.

Nuestro problema se evidencia mes a mes, año a año. Se llama competitividad, no tiene otro apellido, simple y llanamente la globalización nos obliga a cambiar el modelo productivo y los procesos del mismo. Y la única receta que existe útil para mejorar la competencia de nuestras empresas y de nuestros productos y servicios, es la innovación, hermana pequeña de la investigación. Ser más eficientes, es ser más rentables y ello hace posible el ciclo de la riqueza y de su redistribución. Si no invertimos mucho más en I+D+i y lo que es más importante si no cambiamos la mentalidad de los europeos, uno a uno, de nada servirán cataplasmas monetarias. Debemos innovar y eso solo se hace en sociedades educadas y formadas bajo la calidad y la excelencia de un sistema educativo universal e igualitario. Y esto no son palabras bonitas, son realidades palpables avaladas por datos palmarios. Si no invertimos un 3% de nuestro PIB en I+D+i y no alcanzamos cuotas del 7% de ese PIB en Educación, es imposible que en las próximas décadas podamos mantener nuestro modélico sistema de protección y bienestar social.

Las cuentas son claras, se trata de marcar las prioridades. Queremos tener un sistema público de salud para todos y de alta calidad: su coste siempre estará en el 10%. Queremos mantener un sistema de pensiones y protección al desempleo digno y que no deje en el desamparo y la marginalidad a nadie: un 15%. Sumémosle Educación e I+D+i: estamos ya en el 40%. Y supongamos que nos tenemos que pagar una deuda abusiva que hoy nos cuesta cerca del 20% del PIB. Todo lo demás o debe ser mucho más eficiente o nos sobra. Si fuéramos capaces de hacer estos presupuestos con visión europea, sin que lo que cuente sea el egoísmo o el abuso de cada Estado miembro, la Unión Europea no solo sería viable, sino que se convertiría en el ejemplo a seguir por el mundo. “Super Mario” no es el culpable de nuestros males, aunque en el pecado lleva la penitencia, pues, ha vivido y muy bien de los excesos del mundo financiero especulativo. La responsabilidad del cambio está en cada uno de nosotros y en no caer en la demagogia fácil e infantil de aceptar el discurso maniqueo de banqueros malos y pueblo bueno. No es la sociedad la que se debe “empoderar”, es el individuo el que debe aprender a ser mayor y defender desde su propia actitud la nueva mentalidad de cambio que requiere Europa. Esa conciencia en el trabajo y en las empresas es la única que nos puede llevar a salir del laberinto y encontrar a nuestro propio Teseo capaz de matar por fin al Minotauro.

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26
ago 14

Rajoy y Merkel en Santiago para bendecir el largo camino de la austeridad

La maestra y su mejor alumno o la directora de orquesta y su mejor intérprete. Llámenlos como quieran, pero lo que nadie puede ya poner en duda es para laAlemania cartesiana regida por la nueva dama de hierro del continente, España se ha convertido en el mejor campo de pruebas de sus políticas de ajuste y austeridad. En menos de tres años, los españoles por arte de magia de las reformas y recortes llevadas a cabo por el gobierno de Mariano Rajoy, de ser esos europeos del Sur derrochadores y vagos, hemos pasado a ser el mejor rostro milagroso de la recuperación impulsada por las políticas dictadas por ÁngelaMerkel. Si como dijera Enrique de Navarra, “París bien vale una misa”, al aceptar el catolicismo y con ello el trono de Francia, algo así debió pensar la canciller germana al ser invitada por el presidente español a recorrer parte del Camino de Santiago y abrazar al apóstol en la tierra natal del dirigente español. En el fondo, todos están necesitados de fotos y la cercanía celestial a ninguno le viene mal, si tenemos en cuenta que la economía alemana se contrajo un 0,2% en el segundo trimestre de este año y que en España sigue habiendo oficialmente cerca de cuatro millones y medio de parados. Otra cosa es que los dos mandatarios en clara armonía quisieran ver, en su cena en la rúa del Villar compostelana, la botella de albariño más medio llena que medio vacía.

Pero más allá de la propaganda o de las imágenes veraniegas de los líderes reconfortados por su autocomplacencia, parece sensato analizar dónde podemos situar la salida efectiva de la crisis y en qué lugar del paisaje después de la batalla nos deja a los ciudadanos las políticas llevadas a cabo por la Unión Europea en estos años. Si queremos leer adecuadamente las cifras macroeconómicas parece evidente que austeridad es sinónimo de desigualdad. Poner a cero nuestro déficit y abaratar el endeudamiento ha provocado una contracción severa de la actividad y esa falta de crecimiento se ha enseñado en las rentas más bajas, no solo en forma de menores ingresos, sino también en la reducción de los servicios públicos de los que venían disfrutando antaño. Europa, les guste o no a la pareja de hecho en que se han convertido Merkel y Rajoy, está estancada, con un crecimiento ridículo, con altísimas cuotas de desempleo, especialmente juvenil y agravando cada día los problemas sociales de las clases más necesitadas de su sociedad. Ni somos capaces de mejorar la competitividad de nuestras empresas en una economía global, ni el Estado del Bienestar es sostenible con este modelo productivo obsoleto. Seguimos regidos por viejas recetas dogmáticas y ortodoxas incapaces de interpretar la nueva realidad de los mercados y de dar respuesta a los retos que un mundo que vive bajo la oleada de una tercera revolución tecnológica nos impone.

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Tan determinista es la política impuesta desde Berlín vía Bruselas, que el mismo día que Merkel y Rajoy cantaban las bondades de sus medidas en Santiago,Hollande obligaba a dimitir a todo le Gobierno Valls, para darle una vuelta de tuerca en lealtad incondicional a sus ministros para poder emprender un nuevo trecho del camino de los recortes presupuestarios en Francia. El presidente socialista galo abandona ya toda veleidad innovadora y como ya le sucediera aRodríguez Zapatero pone rumbo hacia la austeridad sin dudas. Un proceso reformista que a buen seguro encontrará una fuerte oposición sindical expresada en la calle y en conflicto laboral. En teoría, al socialismo europeo tras esta definitiva traición francesa solo le queda la gran esperanza blanca que debería suponer el primer ministro italiano Matteo Renzi. Pero su realidad es aún más bien pobre, con una exigua mayoría parlamentaria y una economía italiana en recesión, los mercados le ofrecen escasa tregua para poner en práctica políticas sociales. El camino de la austeridad, por tanto, parece gozar de buena salud y de amplio recorrido, por mucho que los resultados de tanto sacrificio sean tan minúsculos como inestables. Pero la realidad es que los mercados solo premian a los que hacen lo que a sus rendimientos especulativos más conviene, sobre todo, mientras el Banco Central Europeo ha convertido la financiación de la deuda pública en un suculento negocio seguro para la banca privada y fondos de inversión.

Así las cosas el coste político de la crisis con quien se está cebando es con las opciones de izquierdas, incapaces de articular una alternativa coherente que pueda establecer nuevas reglas del juego en la economía europea. Ello propicia la división en los grandes partidos socialdemocrátas o la fuga masiva de voto en torno a ellos. Y al albur de este proceso surgen nuevas formaciones radicalizadas en su discurso antisistema que, sin embargo, más allá de ruptura de lo existente, aún no han pasado de hacer oír sus voces populistas sin definir un programa de cambio concreto. Así surgió en Italia el Movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo o en España lo ha hecho Podemos con su líder mediático, Pablo Iglesias. Todos ellos inmersos en una especie de centrifugadora que se come lo que entra en ella, primero las formaciones filocomunistas o Verdes, pero que amenaza con hacer lo mismo con todo aquel que por falta de novedad haga perder la esperanza o fe en un “verdadero” cambio. Una realidad que lo único que constata es la falta de unidad desde opciones progresistas para alcanzar el cambio de modelo. Bronca por la izquierda que beneficia a mayorías de derechas o la conformación de grandes coaliciones bipartidistas al estilo de la que gobierna en Alemania.

Al fin y al cabo todas estas batallitas políticas tendrían escasa trascendencia si la sociedad de los países europeos fuera capaz de cambiar de rutinas y procedimientos. Pero lo cierto es que el envejecimiento intelectual de nuestro continente está impregnado en el adn de la mayoría de los ciudadanos, acomodados en una vida sin metas ni objetivos, acostumbrados a ver pasar los días complacientemente con la mayoría de las necesidades básicas cubiertas y la seguridad razonable garantizada. No en vano seguimos siendo el espacio del mundo que sigue gozando de mayores cuotas de bienestar se mida como se mida. Tras más de cinco décadas de paz y prosperidad, el principal temor es que se nos olvide que también se pasa hambre y que la violencia también puede formar parte de nuestro paisaje. Si no afrontamos las revoluciones pendientes es porque no tienen incentivo suficiente, seguir sobreviviendo pese a que todo se deteriore a nuestro alrededor es mejor propuesta que un cambio que por desconocido puede ser peor. De eso se valen las fórmulas conservadoras que con un ligero retoque de imagen y de mensajes, defiende lo de siempre mientras lo de siempre siga funcionando aunque sea mínimamente y cada vez para menos personas.

Supongo que todo esto lo sabe bien el presidente español Mariano Rajoy, un socrático por excelencia, que sabe que nada sabe y que maneja el tancredismo relativista con primor. No se meta usted en líos y déjese llevar, arrimándose al gran árbol que da cobijo. A la vera de Merkel coloca sus piezas. De Guindos alEurogrupo aunque no se sepa ni en qué plazo, ni con qué contenido real. Cañeteserá comisario… o no, pero España estará representado en la Comisión. Su particular juego de tronos le funciona y en pocos meses ha pasado de ser el miembro mudo del Consejo Europeo, a el gregario de lujo de la todopoderosa canciller. Hace tiempo que estos movimientos políticos tienen poco efecto entre nosotros los comunes mortales, pero se supone que en los medios de comunicación, esa prensa que cada día tiene menos credibilidad, esto de ejercer el poder entre los poderosos sigue ocupando titulares. El único problema que pueden tener estos gobernantes cortados por el viejo patrón sería que sus gobernados hubieran tomado de conciencia de que nadie les va a solucionar sus problemas y se pusieran por libre a la faena. Seguramente entonces lo real superaría a lo oficial como un día en Versalles los cortesanos se sorprendieron una mañana comiendo sus cruasanes cuando la turba del populacho les cortó sus perfumados cuellos. Todo depende de hasta donde nos lleve el camino…

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10
ago 14

El interminable viaje hacia el centro político

El padre de la Ciencia Ficción, el novelista francés Julio Verne, narró como nadie los viajes extraordinarios de un ser humano que vislumbraba en el siglo XIX una nueva era tecnológica que le abriría, como así a sido, a universos entonces desconocidos. Lo que no logró imaginar el bueno de Verne es la epopeya que la crisis económica está produciendo en el mapa político europeo y por traslación enEspaña. Podría decirse que hemos asistido a un tsunami que ha revuelto convicciones y compromisos en la izquierda, incapaz de hacer frente a las posiciones conservadoras que han protagonizado las propuestas de austeridad. Mientras, la derecha se aferraba sin fisuras a un planteamiento basado en los ajustes presupuestarios y el cumplimiento del déficit cero por parte de las administraciones, abandonada a la suerte de los mercados para poner rumbo de nuevo al crecimiento y sin importarle los rotos sociales de desigualdad que su política puede dejar. Ahora que parece entreverse la luz al final del túnel o que al menos la circunstancia se nos pinta más risueña, conviene tener en cuenta que la sociedad buscará su refugio natural en las posiciones de centro político, ese punto en el infinito al que nunca que se llega, pero hacia el que conviene poner siempre ruta de convivencia.

El centrismo se impone especialmente como necesidad cuando se han dado situaciones que han roto los esquemas y las estructuras sobre las que se basaba un contrato social previo. No reconocer hoy que la crisis ha hecho saltar por los aires buena parte de los cimientos del Estado del Bienestar es poco menos que ridículo y en eso se empeñan gobernantes de derechas como Merkel en el conjunto de Europa o Rajoy en España. Seguir adelante como si aquí no hubiera pasado nada, realizar unas cuantas reformas para salir del paso y seguir practicando una suerte de tancredismo político, es a medio plazo un seguro de suicidio. Tan absurdo como por parte de los planteamientos socialdemócratas creer que todo va a consistir en realizar un revival de sus políticas keynesianas para borrar los malos recuerdos de la pesadilla austericida. Nada volverá ya a ser igual. Grábenselo, señores políticos, en el frontispicio de sus pensamientos y repítanlo machaconamente para tenerlo presente a cada paso que den en su actividad diaria. Y tampoco me sirven las propuestas de base populistas, tan bienintencionadas como estériles en sus planteamientos que propugnan las revolución de unas clases medias que lo único que desean es volver a vivir bien, con el menor esfuerzo posible. Falta lumpen para ese guiso de revuelta social en una Europa demasiado rica para convertir la guillotina en una espectáculo generalizado. Estas formaciones alimentadas por el descontento mileurista tienen, en el mejor de los casos, un recorrido del 15% del voto de una población que volverá a agruparse en posiciones de centro, si o si.

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El centrismo valora las posiciones consensuadas como un fin en sí mismas —las políticas del “justo medio”—. Y si queremos articular propuestas de centro en la actualidad en la práctica política, lo que propone y defiende son políticas de economía mixta y de profundización de la democracia. Aunque no cabe duda que ese interminable viaje al centro político está repleto de peligros. La propia Margaret Thatcher, de cuya lejanía al centro cabe poca duda, ya apercibió que «estar en medio de la carretera es muy arriesgado; te atropella el tráfico de ambos sentidos». Cierto es además que el centrismo ha tenido mala prensa política. Tachado de vago, falto de ideas y compromiso, cuando no de utópico por basar todo su empeño en el consenso y la esperanza en la bondad de las personas. Sin embargo, hoy más que nunca es preciso afirmar la “bondad kantiana” o el “justo término medio atistotélico”, cuando nuestra sociedad se ha visto vapuleada por la injusticia de una crisis fabricada por unos pocos y sufrida por unos muchos. Frente a los planteamientos hobbianos del hombre hecho lobo y del sálvese quien pueda, se requiere un nuevo entendimiento de diálogo racional sin posiciones dogmáticas. Ello requiere dotes de liderazgo basados en nuevos valores, lo que supone en si mismo una regeneración inevitable de los gobernantes que han tenido responsabilidades en la crisis. Algo que va a ocurrir por voluntad de los votantes que elección tras elección están mandando a sus casas a todos aquellos que no han entendido las necesidades de este nuevo tiempo político.

Necesitamos urgentemente líderes que crean en la epistemología de la virtud, que crean en la ética de la virtud o lo que es lo mismo aunque suene poco creíble, líderes buenos, que antepongan el bien común a su bien particular. Pero hablo de una bondad sencilla, basada en la visión con perspectiva de las cosas, de la responsabilidad del ejercicio del poder y de la política que se fragua en la confianza, incluso, en el adversario. Para lo cual también se impone un programa de acción muy simple: maximizar la libertad de acción de los ciudadanos, trasferiéndoles poder a fin que desarrollen su potencial humano; promocionar la participación ciudadana en el proceso político; dar preferencia a propuestas y acciones concretas, a diferencia de programas o grandes promesas de largo plazo; poner en valor las virtudes cívicas y profesionales; la extensión y fortalecimiento de comunidades basadas en relaciones de confianza recíprocas que produzcan valor mutuo; la creación de carácter ético en los individuos a través decisiones conscientes y basar la política en el sentido común y valores tradicionales, especialmente los intangibles, como el patrimonio cultural que identifica y une.

Ocupar ese centro político debe ser el principal objetivo de cualquier líder o partido que verdaderamente quiera cambiar las cosas en estos momentos. Nada se logrará de forma estable y duradera en nuestras sociedades si se pretende lograr por imposición de unos sobre los otros. Las políticas de las dos últimas décadas han pecado de determinismo dogmático, de imposición de un criterio sobre el otro y la mayoría de las veces no ha construido nada porque se han quedado en meras yuxtaposiciones de la derecha sobre la izquierda. En vez de preocuparse por afirmar con solidez los valores básicos sobre los que asentar la sociedad, han pretendido emprender su particular camino de reformas que lo único que han logrado es socavar la confianza mutua y dar rienda suelta a los intereses particulares de los corsarios y piratas del sistema. Así ha crecido como nunca la corrupción y las curruptelas de arriba a abajo y de abajo a arriba. Porque lo que no se ha trabajado es la amalgama sagrada del vínculo democrático de ser honrado por el bien de todos. Lo que nos viene sucediendo no es casualidad, ni se debe a una generación espontánea de ladrones, es sencillamente la pura corrupción del sistema que envilece al individuo por ejemplaridad.

El voto mayoritario busca sentido de pertenencia a la comunidad y en ella a la estabilidad y garantía de subsistencia. Por eso en el centro se construye la seguridad del sistema más asentado, lejos de los extremismo de imposición. Cuando los restos de la crisis nos empiezan a dejar ver la realidad de una sociedad rota, fragmentada, hecha añicos, es el momento más preciso de la reconstrucción, de poner en marcha un verdadero plan Marshall de la política en Europa. Es el mismo fundamento que movió a los padres de nuestra Unión, los Konrad Adenauer, Jean Monnet, Winston Churchill, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli. Todos ellos buscaron el centrismo para una Europa en paz y libertad, sobre la base de los derechos sociales. Ellos habían sufrido el mayor horror vivido en nuestro continente, la II Guerra Mundial, nosotros hemos vivido la peor crisis económica de nuestra historia. Toca volver a refundar sobre los mismos mimbres del consenso, algo que como bien escribió Karl Popper tiene que ver con que “yo puedo estar equivocado y tú puedes tener la razón y, con un esfuerzo, podemos acercarnos los dos a la verdad”.

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27
jul 14

Vivimos en una Europa incolora, insípida e indolora

De crío me enseñaron eso de las propiedades del aire, incoloro, inodoro e insípido y la verdad que siempre me pareció una descripción harto despectiva de nuestra atmósfera, sobre todo si tenemos en cuenta que es el elemento clave para respirar. Con el tiempo y las vivencias me fui dando cuenta que por científica que fuera aquella lección, nada tenía que ver con la realidad, pues, a lo largo de mi vida lo que le ha dado sentido es aprender a descifrar en el aire olores, colores y sabores. Unas veces agradables y otras claramente hostiles pero lo que diferencia un ambiente de otro es lo respirable que sea y ese índice diferencia unas sociedades de otras en el mundo. Y ahí es donde quiero centrar mi reflexión, en la calidad del aire que respiramos los europeos, en una sociedad que se ha vuelto incolora, insípida e indolora ante lo que la rodea. Si no es así de que otra forma puede explicarse que sigamos inertes ante el drama vivido en Gaza o ante la atrocidad que supone el homicidio de cientos de personas al derribar un avión a su paso por el espacio aéreo de Ucrania. Esta es la Europa insensible que se regodea exclusivamente en sus problemas interiores y que incluso dentro de sus propias fronteras prefiere mirar para otro lado cuando la desigualdad y la injusticia se hace cada día más patente como precio de la crisis económica.

De la Europa incolora: Nos debatimos en la UE en un dilema entre los defensores de la pureza de raza de cada cual en su patio interior, expresado en el incremento de las opciones ultras como las del Frente Nacional francés o la  histriónica versión finesa de los Auténticos Finlandeses y los grandes partidos mayoritarios del centro a la derecha y la izquierda, populares y socialistas, que dibujan una Europa sin colores, uniforme, que niega las realidades plurales de los pueblos. A todos les une además la absurda tarea de cerrar nuestras fronteras del club de los ricos a la emigración del hambre que acosa la muralla de inconsciencia que cada día más asola los corazones de los ciudadanos ante el drama de supervivencia de otros congéneres. La inmigración se niega y el mestizaje imprescindible para la estabilidad de la civilización europea, se torna en xenofobia o en hipocresía diplomática calculada por razón de Estado. Hablando en román paladino, negamos nuestra realidad diversa interior de pueblos que no encajan en el diseño gratuito de los Estados Nación y cerramos la puerta a la llegada de seres humanos que buscan refugio entre nosotros. Todo lo que oficialmente incomoda es rápidamente teñido de ese espíritu incoloro de la Europa irreal.

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De la Europa insípida: A los europeos nos han puesto a dieta, es un ayuno sin la sal de la inversión pública y sin las especias de la protección social del Estado del Bienestar. Un menú insípido que ha generado millones de personas en paro, que prácticamente nos ha llevado a la estanflación. Un trágala que pretende hacernos creer que otra política no es posible y que ha hecho sistema de la alternancia bipartidista en cada Estado miembro y en el conjunto de la Unión, a cambio de no poner en riesgo los intereses de nuestra todopoderosa quebrada banca. Una derecha instalada en su dogma liberalista ha consagrado su acción política al capitalismo comunista. Y una izquierda que enmudecida ante el desastre es incapaz de poner una sola idea innovadora en su carta de pretensiones. Ambas opciones están encantadas de haberse conocido y temerosas de que en sus límites “ultras” el sistema pueda verse en riesgo. Vivimos los resultados de esa severa dieta que está desintegrando nuestra clase media, la que daba sentido a la estabilidad social, la que garantizaba el progreso. Parte de nuestra sociedad está sufriendo síntomas claros de desnutrición, donde los más débiles vuelven a su condición decimonónica de lumpen y la solidaridad pública y los derechos ciudadanos vuelven a su condición ilustrada de beneficencia y misericordia.

De la Europa indolora: Mitad incapacidad y mitad desidia, los europeos observamos indoloros el horror que nos rodea extrafronteras. Estalló la violencia incontrolada en Ucrania, en gran medida por nuestro propio pecado de insuficiencia energética. Rusia sacó partido descarado de esa intromisión y ahora decenas de holandeses fallecen al ser derribado el avión donde viajaban por un misil. Una atrocidad a la que por más respuesta la Europa oficial ha mandado a la nada la enésima nota de prensa de condena. Pero donde más patente ha quedado la actitud indolora europea ha sido ante la nueva oleada de ataques israelíes lanzados sobre el territorio palestino de Gaza. Cientos de civiles, ancianos, mujeres y niños son masacrados cada día a bombazos indiscriminados y la UE lo contempla impasible, mirando impávido las columnas de humo y los regueros de sangre inocente. Más notas de prensa, más declaraciones altisonantes de diplomacia barata. Ni una acción eficiente que devuelva la paz y el derecho a la vida a seres humanos inocentes. Por no hacer ya ni mandamos enviados especiales a la zona. Otro episodio que nos describe ante el resto de la humanidad como europeos egoístas, sin voluntad alguna de poner algo de orden civilizado en este caos mundial, como lo fueron IrakAfganistán,Siria… un sinfín de desastres.

Aire irrespirable para muchos millones de ciudadanos europeos que no creen en la construcción, ni en el proyecto más exitoso de nuestra historia. Estamos entre todos, unos por acción y otros por omisión de no participar en el cambio de rumbo, agotando las opciones de seguir constituyendo el espacio de libertad humana más sólido en el tiempo y en el espacio. Pero más aún, estamos frustrando al resto de los ciudadanos universales en su sueño de tener una oportunidad de vivir en una sociedad mejor, en tener un referente de justicia e igualdad en el que mirarse. El referente europeo pierde aliento cada día. Y sus raíces se socavan a cada caso de corrupción nuevo que conocemos, un rosario de escándalos de abuso y ladronicio consentido por el sistema. Una atmósfera que en superficie se muestra incolora, insípida e indolora, pero que en las cloacas subterráneas de las razones de Estado y del suprapoder europeo, apesta a intereses particulares, lobbies de presión y compraventa de voluntades. Por eso, como no hay prisa alguna en tomar decisiones útiles, como el mundo no tiene prisa por saber qué podemos hacer por mejorar su suerte, los jefes gobierno se van de vacaciones sin nombrar los cargos principales de la Unión y dejan al Parlamento recién elegido a la espera de sus encajes de bolillos que llegarán a finales de agosto. Buenas vacaciones mandatarios europeos, ustedes que pueden descansar sin que sus conciencias se sientan heridas ante tanto dolor ajeno.

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10
jul 14

Presidencia italiana, Renzi nos propone el reto de recuperar el alma de Europa

Una estrella rutilante recorre Europa, Matteo Renzi, el primer ministro italiano, quien coincidiendo con el arranque de la presidente de turno de Italia de la Unión, ha lanzado un reto de fondo a los europeos: “recuperar el alma de Europa”. Lo hizo en Estrasburgo, ante los nuevos eurodiputados electos, ante una eurocámara con muchos más poderes que las constituidas en anteriores legislaturas, ante 751 representantes de más de 500 millones de personas, de todos los colores y condiciones, eurófobos, euroescépticos y europeístas, que de todo hay en la viña de la UE. Por primera vez un primer ministro se dirigía con este lenguaje y con este discurso alejado de la rutina del trámite que obliga a desgranar tristes objetivos y agenda previsible del semestre. El mandatario italiano, junto a Merkel, el mejor parado de las elecciones del 25 de mayo, se ha erigido en el paladín de la socialdemocracia europea ante el derrumbe monumental de los socialistas francesas de la mano del presidente galo, François Hollande. Y gracias a su iniciativa se ha alcanzado el pacto entre populares y socialistas en la eurocámara que ha hecho posible la reelección de Schulz como presidente de la misma y deJunker como presidente de la Comisión como candidato de la lista más votada, la de los populares europeos. Ha demostrado tener capacidad e iniciativa política, pero lo más importante, este ambicioso ex alcalde de Florencia que en la sombra urdió el asalto final al cavaliere Berlusconi y después forzó la caída por sorpresa de su correlegionario Enrico Letta al frente del Gobierno, nos ha hablado del nuevo relato que necesita imperiosamente el proyecto europeo.

Renzi se presentó ante la eurocámara como representante de la generación deTelémaco, el hijo de Ulises que regresó a Ítaca y la referencia a la mitología griega no podía ser más idónea. Telémaco era todavía un niño cuando su padre marchó a la Guerra de Troya y en sus casi veinte años de ausencia creció hasta hacerse adulto. Después de que los dioses en asamblea hubieran decidido que Ulises debía volver a casa desde la isla de Ogigia, Atenea, adoptando la apariencia de Méntor, rey de los tafios, fue a Ítaca y advirtió a Telémaco que expulsase de su casa a los molestos pretendientes de su madre Penélope y se dirigiese a Pilos y Esparta con el fin de recabar información sobre su padre. Telémaco siguió el consejo, pero los pretendientes se negaron a abandonar su hogar, y Atenea, aún con la forma de Méntor, lo acompañó a Pilos. Allí fueron recibidos hospitalariamente por Néstor. Su hijo Pisístrato durmió junto a él, mientras Méntor lo hizo en el barco con la tripulación. Al día siguiente, una hija de Néstor, Policasta, bañó a Telémaco. Luego Pisístrato lo guió a Esparta. También Menelao lo recibió amablemente, y le comunicó la profecía de Proteo sobre Ulises: que estaba siendo retenido contra su voluntad por la ninfa Calipso, que lo amaba. Desde Esparta, Telémaco regresó a casa, y una vez allí encontró a su padre con su fiel porquerizo Eumeo. Sin embargo, Atenea había transformado a Ulises en mendigo, así que Telémaco no reconoció a su padre sino más tarde, al revelarle éste su identidad. Padre e hijo acordaron entonces castigar a los pretendientes; y cuando acabaron con ellos o los dispersaron, Telémaco acompañó a su padre a ver a su anciano abuelo Laertes.

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Todos estos trabajos épicos hubo de llevar a cabo Telémaco para recuperar los logros de su padre el héroe Ulises. No cabe duda que las generaciones que hicieron posible la recuperación de Europa tras el desastre de la II Guerra Mundial y que nos legaron el proyecto de paz en común, han sucumbido ante el azote de una crisis que ha empobrecido no solo nuestros Estados del Bienestar, sino los anhelos propios de unidad. De ahí que escuchar en boca de un joven líder italiano – Renzi tiene tan solo 39 años – un nuevo discurso de regeneración es toda una novedad en estos días de zozobra. Sin papeles y con la vehemencia del político que aun no ha sido baqueteado por la realidad, Renzi afirmó, con un lenguaje fresco y espontáneo, que “si Europa asistiera hoy a su propio selfie [el autorretrato fotográfico popularizado por el teléfono móvil], mostraría cara de cansancio, de resignación, un rostro aburrido. Y es curioso porque el futuro necesita mucho de nosotros”. Pero no se quedó en grandes palabras su intervención ante los eurodiputados, Renzi clamó por reconvertir el pacto de estabilidad en un pacto por el crecimiento. Tras el intento fallido del presidente francés, el dirigente italiano ha sido el primer líder socialdemócrata europeo que ha logrado abrir el debate de esa mayor flexibilidad en las reglas para insuflar aire a Europa. Seis años después de que se iniciara la crisis, el paisaje es inquietante: 26 millones de parados y un crecimiento anémico en el continente. Con grandes diferencias entre países, la UE presenta un parte de daños muy superior al de EE.UU., que en 2013 creció ya cerca del 2% anual.

“¿Qué sentido tiene que permanezcamos juntos””, esa fue la gran pregunta lanzada al aire del Edificio Louise Weiss que por su franqueza dejó boquiabiertos a los parlamentarios. Si no podemos encontrar motivos para seguir recorriendo esta Odisea unidos, el sueño de una Europa ejemplo de civilización de respeto de derechos, en paz y democracia, volverá a estar en riesgo. Y esa es la verdadera alma de la Europa que queremos y que debemos ser capaces de transmitir sobre todo a los más jóvenes. Ellos deben ser protagonistas ahora del nuevo relato de la UE, ellos deben convencerse de las bondades del espacio común, ellos tienen la obligación de reconocerse como un todo, plural y diverso, pero homogéneo en objetivos. Toca escuchar a los jóvenes europeos, toca darles la voz y la palabra para no hundirnos en un proyecto reiterativo y falto de respuestas a los grandes retos que el mundo global nos lanza cada día. Solo de su mano podemos dibujar un futuro que hoy ya es la única receta válida para liberarnos de este presente caduco y decrépito, trufado de corrupción y desigualdades crecientes. Necesitamos nuevo discurso, nuevos protagonistas, nueva agenda, nueva Europa en suma. Un tiempo nuevo para una sociedad más formada e informada, que quiere participar y escoger el camino a seguir. No sirven ya los modelos autocráticos, de democracia delegada en representantes que hablan con sus representados cada cuatro años en forma de voto en urna o hablando a través de unos medios de comunicación desacreditados y que han perdido el sentido de la responsabilidad del derecho a la información y solo defienden intereses empresariales.

Si de algo ha adolecido el proyecto europeo ha sido de sentido identitario, con todo lo que ello supone, falta de simbología, de mitos o iconos sobre los que construir el relato pasional, es decir, le ha faltado todo aquello que le sobra a las naciones que lo componen. Ahora estamos a tiempo de corregir este desequilibrio de origen. Sería lógico abrir un debate continuo entre los europeos para saber que piensan y qué quieren de Europa. Las TIC’s, la smartización y la aplicación del Internet a las cosas más cercanas y prácticas, nos ofrece un nuevo terreno de juego de comunicación entre los ciudadanos europeos. Ese diálogo, esa forma de hablar entre todos que hace décadas no existía, debe impregnar todas las decisiones de las instituciones europeas. La Unión tiene una oportunidad de oro para imponerse a los gobiernos nacionales que han perdido su relación con sus gobernados. La teórica crisis de la política, lo es de esos gobernantes nacionales por su incapacidad para escuchar a los ciudadanos. La Unión no tiene porqué seguir cometiendo ese error, pese a que hasta la fecha es percibida como una Administración lejana y ajena a los problemas reales de la sociedad. Se trata de convertir un problema en una oportunidad, se trata de que Europa sea la solución. Si escuchamos adecuadamente los conceptos, las ideas y las opiniones sobre las que se construye el consenso en el ámbito europeo tendremos claros los objetivos que deben ordenar la agenda de actuación de las instituciones europeas y, solo entonces, tendrá sentido el ejercicio de cesión de soberanía que todos hemos realizado.

Renzi ha sacudido las conciencias de los eurodiputados y le corresponde dar la batalla entre sus colegas jefes de Gobierno en el Consejo. Es evidente que se avecinan tiempos de cambios imparables pero lo que está en juego en esta era de revolución tecnológica como en todas las transiciones de la civilización es si nos enfrentamos a un proceso de reformas por profundas que sean o la mutación de la piel social se producirá por ruptura de sus esquemas y sus estructuras, algo que históricamente nunca ha estado exento de violencia. Eso dependerá exclusivamente de que quienes deben tomar las decisiones sepan escuchar. Empezando por los jóvenes, siguiendo por las identidades de comunidades y pueblos que recorren el continente, por poner oído a las quejas de los más desfavorecidos y no solo ser sensibles a las presiones de los más poderosos y por saber distinguir las voces de los ecos, de interpretar los deseos de las mayorías silenciosas sin aplastar a las minorías, pero sin ceder el rumbo a los que más protestan. Escuchar y dialogar, la esencia de la más vieja de las expresiones democráticas, la que se producía en el ágora griega, la que fuimos perdiendo con la magnitud de las cosas a gobernar, alejándonos de la cercanía de las opiniones de los que nos rodean. Esa cercanía que hoy nos brinda la Red y las tecnologías de comunicación en su infinidad de expresiones aplicativas. Recobremos el sentido del poder del pueblo, del demos kratos, dejando atrás fórmulas representativas indirectas, orgánicas y perdamos el miedo a las formas de expresión directas. Saber lo que queremos es la mejor forma de sentirnos unidos.

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19
jun 14

Algunas alertas de fraudes en las elecciones europeas

La mentira siempre es un mal negocio, sobre todo, porque su durabilidad es escasa. El tiempo siempre pone a cada uno en su sitio y la realidad de las cosas acaba imponiéndose. Pero si hay algo que puede resultar ridículo es el autoengaño, hacerse trampas en el solitario es una de las expresiones más patéticas del ser humano. Pues eso es lo que algunos dirigentes europeos están haciendo desde el 25 de mayo, desde que descubrieron que los resultados de la noche electoral de los comicios europeos, no les ayudaban a componer su particular solitario. Entonces empezaron una especie de ejercicio de simulación basado en la negación de todo aquello que puede alterar sus planes aunque ello signifique una verdadero fraude de lo expresado en la urnas. Y no han sido pocos los tentados en esta suerte de ejercicio de ciencia ficción, empezando por la canciller Ángela Merkel, pasando por los dos grandes partidos europeos, el popular y el socialista, otros de mucho menos volumen como UPyD o Ciudadanosy terminando por la propia Monarquía parlamentaria española urgida a una sucesión express en la Corona. Y ese análisis que por cercano resulta más fácil en casa propia es bastante extrapolable a muchos de los Estados de la Unión. Resumen del resumen, Europa acentúa su principal problema, la dicotomía entre la Europa real y la Europa oficial.

Empecemos por el más flagrante caso de intento de fraude electoral. El Tratado de Lisboa, pese a lo que los jefes de Gobierno tratan ahora de filtrar a la opinión pública, deja pocas dudas sobre el procedimiento de elección del próximo presidente de la Comisión Europea. Así lo decidieron ellos cuando urgidos por el no francés a la Constitución europea les puso al borde del precipicio del proyecto común. El presidente de la Comisión lo propone el Consejo Europeo – ellos . pero lo aprueba el Parlamento Europeo. De ahí que por lógica, la misma que ahora quieren negar, que los grupos políticos con opciones de conformar mayorías nominaran previamente a sus candidatos para que los electores europeos pudiéramos decidir sobre el personaje idóneo para capitanear la nave ejecutiva de la UE. JunkerSchulzVerhofstadt, Keller o Tsipras se presentaron ante los europeos con su idea de Europa, dando la cara en debates y mítines, haciendo campaña para lograr el voto como candidatos a presidir la Comisión. Los jefes de Gobierno lo avalaron, pues, unos y otros son líderes de sus respectivos partidos en sus Estados. Merkel en la CDU o Rajoy en el PP, dieron su apoyo a Junker en la cumbre del Partido Popular Europeo en la cumbre de Dublín. Por ello, es bochornoso espectáculo ofrecido por la canciller germana titubeando su apoyo al candidato del centro derecha europeo, solo puede calificarse de fraude a los electores. Resulta tan obvio que lo único que está haciendo Merkel es poner trabas a reforzar los poderes del Parlamento Europeo y, por ende, de la Comisión para seguir controlando a su antojo un todopoderoso Consejo, que hasta el propio Junker, nada peligroso revolucionario, ha clamado públicamente por la falta de decoro de la situación vivida. Poniendo un pelele al frente de la Comisión, saltándose la voluntad de los ciudadanos y hurtando la decisión al Parlamento o sometiéndole a la verticalidad de la decisión de los partidos nacionales, Merkel logra un doble objetivo: reeditar las dúctiles comisiones Barroso y convencer a todos los europeos de que el Parlamento no sirve para nada y que el poder lo tiene ella y su país. Tontos no somos y eso, repito. es un fraude.

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Ante esta situación los dos grandes bloques políticos en la eurocámara, populares y socialistas, andan reuniéndose por los pasillos a escondidas tratando de buscar soluciones. A hurtadillas sin los focos de los medios de comunicación y mucho menos sin el rigor del debate de la luz y los taquígrafos, tratan de cambiar cromos suficientes para dar la apariencia de un elección a lo que es una componenda para dejar tranquilos a los jefes de Gobierno y especialmente a una de ellos. La izquierda y la derecha centrada europea parece no haberse enterado del tsunami que le ha rodeado en estas elecciones. Parece no querer entender el clamor de llamada de atención que supone el crecimiento del populismo ultra en Francia, la eurofobia recalcitrante en el Reino Unido o la irrupción inesperada de Podemos en España. En vez de coger su granero de votos y tratar de conformar mayorías con otras fuerzas minoritarias, lo que supondría aceptar parte de sus programas, que es lo democráticamente correcto, para después presentar el candidato a presidente de la Comisión y que éste defendiera ante los 751 eurodiputados su programa de Gobierno, lo previsible es que monten una “grossen coalitionen” de la que gustan a Merkel con todo atado y bien atado para que nada pueda cambiar. Se repartirán los cargos entre Junker y Schulz y todos contentos, pero no creo que aquellos votantes que creyeron en uno o en otro, en sus planteamientos de construir una nueva Europa se sientan agradecidos por este ejercicio de birlibirloque, por el cual, lo que ayer era rojo hoy es azul y lo que fue azul es ya rojo. Fraude y más fraude.

A menor escala, pero en la mayoría de las fuerzas minoritarias nacionales que no están integradas en grandes coaliciones europeas, se ha producido un esperpéntico cambio de papeles para lograr encajarse en los grupos parlamentarios de la eurocámara. Probablemente casi ningún votante sabía del sistema de funcionamiento de los grupos políticos en el parlamento de Estrasburgo/Bruselas. No formar parte de un grupo parlamentario supone pasar a los no inscritos, que algo así como el limbo de los parias, sin derecho a prácticamente nada. Pasar cinco años en blanco, sin pena ni gloria, salvo la honra gloriosa de una foto en la tribuna con una camiseta de protesta por cualquier tema originalmente marginal. Eso y no participar en las comisiones con lo que supone de suculentos ingresos personales y para el partido. De ahí que a la carrera se hayan conformado los grupos de cara a la sesión constitutiva del próximo 1 de julio. Si damos un repaso a los partidos que concurrieron en el Estado español y dónde han aposentado sus escaños, nos llevamos sorpresas incluso desagradables para muchos de sus votantes. Del PP y el PSOE poco que decir, pues, tienen sus grupos popular europeo y socialistas y demócratas.Convergencia y el PNV desde hace varias legislaturas, concretamente desde queAznar logró que les dieran puerta en el grupo popular, han encontrado acomodo entre los liberales – ALDE -, lo cual no puede sorprender a sus votantes, pues, así lo manifestaron y movieron a su candidato, el belga Guy Verhofstadt por sus caladeros de votos. Podemos se ha integrado en el grupo de la Izquierda Europea, donde confluye con Izquierda Unida, su teórica competencia, por lo que los votantes de ambas formaciones tendrán una voz idéntica en la cámara. Pero los que rayan el surrealismo son UPyD y Ciudadanos, formaciones que van a integrarse en el grupo de los liberales compartiendo asiento con Convergencia y PNV, enemigos acérrimos en España. Y para más inri, ALDE les ha obligado para ingresar reconocer el derecho a decidir de las naciones europeas sin Estado. Algo que niegan con contundencia y griterío en el Congreso de los Diputados o el Parlament de Cataluña, sus líderes Rosa Díez y Albert Rivera. Inexplicable fraude.

Pero el tsunami desbocado en fraude no solo ha afectado a dirigentes y formaciones políticas, también ha afectado por contagio a las más altas instituciones. La apresurada abdicación del Rey, consiguiente coronación deFelipe VI y aforamiento del rey abdicado, supone un ejercicio de precipitación desmedida solo explicable por el temor a las consecuencias de las elecciones del 25 de mayo. Vale que hace 40 años cuando Juan Carlos I fue coronado por designación de las Cortes franquistas no era momento de someter a referéndum su entronización y vale que la Constitución de 1978 le daba cierta legitimidad, aunque habrá que recordar que se votaba un todo y no las partes, por lo que el Sí se dio a la fundamental que no otra cosa, pero de vital transcendencia como las libertades y la democracia en España. De medio tapadillo se aceptó la Monarquía como forma de Jefatura del Estado. Pero pasadas tres décadas, en pleno siglo XXI, lo mínimo es que los españoles pudieran ser consultados y expresar su opinión al respecto. La mayoría de edad de aquella democracia naciente debiera permitirnos hoy pasar por las urnas cualquier aspecto de nuestra convivencia y no ser gobernados por instituciones que viven en el permanente miedo a lo que opinemos como si de niños se tratara que pudieran equivocarse. Estamos ante un fraude de legitimidad del nuevo monarca, que no de legalidad por supuesto. El problema es que cuando las urnas se sigan manifestando en tantos otros aspectos y pueda consolidarse una mayoría republicana, será ya innecesario el referéndum. Si así ocurre se optará por el cambio de modelo de Estado.

Permitid una última reflexión. Si la era de Internet ya supera los 20 años, si sus fases de desarrollo hasta las actuales aplicativas con soportes de telecomunicaciones cada día más cercanos y accesibles avanza a velocidad ilimitada en nuestras sociedades, si el acceso a la información es cada vez más universal, en suma, si la última revolución tecnológica que hemos vivido está plenamente implantada, es absurdo pensar que ello no va a conllevar revoluciones sociales y cambios de estructuras de poder. La historia de las civilizaciones se escribe con los cambios tecnológicos como motor fundamental. Ello cambia la forma de vida del ser humano. La observación de esos fenómenos desde una articulación filosófica compone el pensamiento de cada era. La plasmación estética del cambio social en forma de arte, es decir, los distintos movimientos artísticos, son siempre la antesala del liderazgo político de la nueva era. Analizar dónde nos encontramos en estos momentos, pero os aseguro que estamos más cerca de esto último que de los albores del uso de la Red en los años 90. La vieja aristocracia volverá a dejar paso a una nueva burguesía ocupará el espacio. O tal vez hoy, en esta simulación de modelos que vivimos de comunismo capitalista, todo parezca que es de todos, pero lo único cierto es que el cambio está ya aquí y nada ni nadie quedará al margen de él. La foto de hace 5 años de líderes o lideresas, tendrá nuevos rostros en breve, en menos plazo del que muchos piensan. Póngase guapos los llamados al nuevo retrato y traten de poner a buen recaudo sus cuellos los que salen del viejo lienzo.

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04
jun 14

El tsunami de las elecciones europeas en España, Rubalcaba dimite y el Rey abdica

Menos mal que las elecciones europeas, según agudos tertulianos y eruditos a la violeta, eran una cita intrascendente que no interesaba a los ciudadanos, ni a los partidos políticos. A tan solo quince días de haberse celebrado, sus resultados en España han provocado más movimientos históricos que en las cuatro últimas décadas. Y estoy seguro que no son más que el principio del fin de muchas cosas que se han quedado obsoletas en el panorama institucional español.  Por supuesto, que lecturas parecidas podemos hacer en otros grandes Estados miembros de la Unión Europea, véase el caso por ejemplo de Francia y el Reino Unido donde la ultraderecha y los eurófobos han triunfado claramente. Pero ciñéndonos al resultado español, es evidente que salvo para el peor ciego que es el que no quiere ver o el sordo que no quiere oir, el mandato de las urnas obliga a un rediseño de muchas cosas, establece el imperativo de refundar sistemas o de buscar nuevas fórmulas de convivencia. La crisis económica y los rotos sociales que está provocando, unida a la falta de respuesta de los partidos tradicionales a las demandas ciudadanas, ha aupado en las urnas a auténticos movimientos sociales revestidos de liderazgos populistas. No leer adecuadamente lo que está sucediendo en esas corrientes internas de la sociedad y seguir admirando el paisaje de costa y olas para seguir surfeando plácidamente, se ha convertido en una forma de suicidio dulce de los estamentos actuales.

Empecemos por el punto de partida del efecto dominó que se produjo la noche del pasado 25 de mayo. El Partido Socialista Obrero Español cosechó el peor resultado de su historia. Perdía más de un millón y medio de votos respecto a las anteriores elecciones europeas y se convertía en el quinto partido socialista de Europa por número de votantes, por detrás del rumano. Nadie había sido capaz de anunciar un batacazo tan tremendo y las consecuencias no se hicieron esperar. La consecuencia inmediata no fue otra que la dimisión a la mañana siguiente del secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba. De esta forma lo que eran unas elecciones europeas se convirtieron en unas primarias anticipadas que han producido un terremoto en el plan inicial del PSOE de cara a los comicios autonómicos, municipales y generales. Destrozado el guión que tenía preparada la Ejecutiva actual, la improvisación y el caos por federaciones se han adueñado de los destinos del partido de la calle Ferráz, sin que se pueda a fecha de hoy predecir fácilmente cómo llegarán y con qué liderazgo a las citas reseñadas.

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La tentación primera del aparato del partido y de los viejos del lugar ha sido agarrarse al clavo ardiendo que representa el único territorio que les sigue siendo perpetuamente fiel en voto, Andalucía. Su lideresa, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha recorrido un camino fulgurante desde que tuvo que sustituir a José Antonio Griñán, urgido a dejar el cargo al estar amenazado de ser imputado en el caso de los EREs que instruye la pertinaz jueza Alaya. Desde entonces ha acumulado poderes a la búlgara con mayorías abrumadoras y en las elecciones andaluzas su territorio, tras Extremadura, ha sido el que mejor resultado socialista ha cosechado. El diseño recogido en los estatutos de primarias saltó por los aires el 26 de mayo y rápidamente se pensó en la celebración de un congreso extraordinario hecho a la medida de Díaz, al que se apuntaron a toda prisa todos los secretarios generales de las federaciones que sistemáticamente vienen perdiendo elecciones desde hace tres años. Esos son los avalistas de la posible secretaria general y ese el ilusionante proceso de renovación que ofrece. Como es lógico este cambio radical de planes dejó compuestos y sin primarias a los MadinaChacónSánchez… que se sabían perdedores en una batalla interna y que en virtud de su llegada mediática aspiraban a un proceso abierto a los militantes. El disparate en que se ha convertido el proceso ha desembocado en una consulta no vinculante a la militancia previo al congreso extraordinario que deberá definir si habrá o no finalmente unas primarias. Es decir, el PSOE vuelve al marxismo, pero de los hermanos Marx.

Tenga o no relación directa, exactamente una semana después de la dimisión de Rubalcaba, se producía la abdicación del Rey Juan Carlos. Queda muy lejos de este post y de este bloguero los análisis palaciegos, pero algo seguro que ha tenido que ver en la decisión del monarca, la repentina muerte política del líder socialista y el profundo caos reinante en el PSOE. Un proceso de proclamación deFelipe VI sin contar con la inestimable ayuda de los socialistas no tendría la mínima legitimidad. De esta forma era fundamental provocar la coronación express para que la Monarquía constitucional siga contando con la anuencia de un partido cuyos militantes son teóricamente de hondas raíces republicanas. Lo cimientos del régimen de la transición se resquebrajan, a nivel territorial con una amenaza de consulta en Cataluña y una solicitud de derecho a decidir en el Parlamento vasco, con los dos partidos mayoritarios que si extrapolan los resultados de las europeas no tendrían casi opciones de conformar gobierno salvo la de una gran coalición de dos fuerzas en descenso. Y para colmo se inicia un reinado que llega casi 40 años después del que nos legó la dictadura y que sigue sin dar el paso definitivo de pasar por las urnas. Sinceramente creo que se equivocan todos esquivando la libre elección de los ciudadanos. El primero que falla es el propio Felipe que tenía la oportunidad histórica de legitimarse, ahora que con casi total probabilidad ese gesto le haría ganador del referéndum. Se equivoca el Gobierno que ha hecho suyo un problema que no lo es y que al desgaste de su acción ejecutiva, une ahora el de valedor de una Monarquía desprestigiada por los casos de corrupción y las torpezas finales de Juan Carlos. Y quien más hierra es sin duda el Partido Socialista que se convierte en la muleta en torno a la cual se realiza la faena. El señuelo desde la izquierda para evitar la consulta. A partir de ahora el discurso fácil que convierte en dos caras de la misma moneda a PP y PSOE queda ratificado de por vida.

Junto a este cúmulo de desastres, en el panorama político ha irrumpido una opción difusa que se declara heredera legítima del Movimiento 15M. Podemos, con su líder televisivo, Pablo Iglesias al frente, ha significado la gran sorpresa y en la novedad lleva implícito todo su pecado. Preocupa y molesta a partes iguales al resto de las formaciones políticas y al conjunto de un establishment incapaz de permitir que respiremos aire fresco. Pero por su lado, si uno se lee su programa, solo haya principios fundamentales de los brindis al sol, buenísmo voluntarista al estilo Peter Pan a raudales y una suerte trasnochada del compendio más rancio de simbología comunista. Tienen un inmenso vacío por delante en el espacio de la izquierda, abierto el socavón de un PSOE perdido en sus disputas internas y una Izquierda Unida que no es capaz de quitarle 20 años de encima a las canas de sus dirigentes. Pero para avanzar se verá obligado a definirse y bajar a la cruda de la realidad de las propuestas políticas y de las contradicciones a las que somete la real politik. No soy capaz de hacer predicciones sobre su futuro, pero si es evidente que el mar de fondo que mueve a esta nueva sociedad está buscando nuevas propuestas y, por supuesto, nuevas formas de hacer política, de participación y de representación. En esa clave los liderazgos van a ser cruciales y también lo serán la cercanía a lo local y la sintonía con las sensibilidad de la calle. La demanda está ahí para aquellos que acierten en su oferta.

Montado como está el lío, me parece ridículo no reconocer que nos enfrentamos se quiera o no y en el plazo que tarden en sucederse los acontecimientos, ante una reforma o ruptura constitucional. El traje de la primera comunión que nos hicieron en 1978 está hecho jirones y cuando nos agachamos, flexionamos las rodillas o estiramos un brazo, se deshilacha un poco más. Nos desayunamos una mañana si otra también con noticias como que Hacienda confirma que el partido en el Gobierno realizó sus obras de remodelación con dinero negro y el Gobierno nos hace contestar gritando, ¡viva el Rey! Más parafraseando a Galileoeppure si muove, la gente en su silencio indiferente al discurso oficial va a ir cambiando las cosas hasta un punto en que no se parezca en nada al antiguo régimen hoy imperante. Y en ese devenir inercial, puestos a lanzar propuestas innovadoras me atrevo a rememorar a mi admirado Castelao, cuando propuso en su fragor republicano la instauración de la República Federal Ibérica. La suma de todos los pueblos de la península ibérica conformaría la tercera potencia continental en la Unión Europea y daría solución a viejos problemas territoriales en un encaje de respeto a la diversidad que entre nosotros impera. Si supiéramos hacer de la necesidad virtud deberíamos ser capaces de realizar propuestas de altura de miras institucionales y abrir un nuevo proceso constituyente que renueve el contrato social entre todos, en vez de taponar con parches cataplasma la sangría que a nuestra sociedad le produce tanto gobierno de espaldas a sus intereses. Tal vez solo quede el orgullo de optar por la actitud individual del exilio interior.

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26
may 14

Nace una nueva Europa: 25M el veredicto ciudadano

Europa ha hablado y lo ha hecho de forma similar en cuantía de votos a como lo hizo hace 5 años. La gran diferencia es que esta vez lo ha hecho con las consecuencias plenas de la aplicación del Tratado de Lisboa y, por tanto, para conformar un Parlamento Europeo con competencias reforzadas y que deberá elegir al nuevo presidente de la Comisión. El resultado extraído de las urnas es de mayor calado y relevancia para el futuro de la Unión que se enfrenta a la necesidad de poner rumbo al crecimiento y la creación de empleo en un mundo globalizado y con las fronteras al Este en pleno conflicto con Rusia y el reto de la inmigración llegando en oleadas continuas por el Mediterráneo. Los 751 mujeres y hombres elegidos tienen la enorme responsabilidad de marcar en gran medida el rumbo del resto de los europeos, eso si los jefes de Gobierno no hacen una lectura torticera del Tratado y hacen caso omiso de los resultados.

De los datos que la llamada a la urnas en toda la Unión nos deja, se pueden hacer multitud de análisis, al tratarse de una cita electoral compleja que afecta nada menos que a 28 Estados miembros. Para eso hará falta sosiego y distancia de la noche electoral, pero en caliente si debemos realizar lecturas inmediatas del escenario que se nos dibuja en Bruselas. La participación no se ha desplomado, es prácticamente igual que hace 5 años. Los ciudadanos de los grandes Estados saben que Bruselas importa mucho y los de los pequeños que su peso no es importante. De ahí que el voto en AlemaniaFranciaItalia o España haya crecido. Está claro que el proyecto europeo madura y consolida niveles de votación similares cada comicio y que lo son respecto a elecciones como los de las presidenciales de Estados Unidos o de su Congreso y Senado. El nuevo votante joven se incorpora con fuerza, mientras son los de más edad los que menos participan.

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El PPE aguanta pese a su fuerte caída, sobre todo, favorecido por el mal resultado de los socialistas, especialmente en Francia y en España. Suben los partidos de extrema derecha, con el caso paradigmático de Francia y el Frente Nacional. Sin embargo, no podrán formar grupo al ser necesario 25 escaños y 7 países como mínimo para lograrlo. En la práctica, los ultras no tendrán peso específico en la Eurocámara. El resultado deja muy abierta la nominación a candidato que deben debatir el próximo martes los jefes de gobierno. La Izquierda más Verdes yLiberales suman un total de 354 eurodiputados a los que podría unirse el voto de no inscritos para alcanzar los 376 necesarios para nominar a Schulz. Por el contrario, Junker cuenta con los 212 eurodiputados del Grupo Popular, con una diferencia sobre los socialistas de 18 escaños, el más votado en toda Europa y lo que podría conferirle la opción de ser presidente de la Comisión EuropeaMerkelseguro que así lo pedirá a sus homólogos.

En España, frente a lo que auguraban las encuestas, la participación ha subido respecto a los comicios de 2014. Ello se ha debido al incremento de voto enCataluña y País Vasco y de los jóvenes votantes en todo el Estado. Significa que el electorado que más se ha movilizado es el nacionalismo radical y los jóvenes “antisistema” que castigan fuertemente a los partidos tradicionales. Se ha producido un claro desplome de los partidos mayoritarios PP y PSOE con caídas de más del 15% en cada caso, en escaños 8 y 9 respectivamente y más de 12 millones de votos. Este fenómeno es extrapolable al conjunto de la UE, pues, los porcentajes de los grupos son muy similares en España y en el total de la UE. Por tanto, es claro que el mapa político español, al menos en unas elecciones europeas, empieza a comportarse de forma similar a como lo hace el resto de los grandes Estados miembros. Los partidos que se benefician de la caída del bipartidismo tradicional, no son los que les seguían a nivel nacional, es decir, IU yUPyD, sino por un lado, el nacionalismo radical y las ofertas más novedosas y “antisistema”. En Cataluña ERC, en el País Vasco y NavarraBildu y en el resto de España, Podemos, principalmente, la gran sorpresa de las elecciones.

La lectura de las elecciones europeas en clave de política nacional induce claramente a error, pues, la circunscripción única y no establecerse límite del 5% para obtener representación, convierte a los comicios europeos en un escenario muy propicio a las pequeñas formaciones políticas. En todo caso, si se puede señalar el fuerte desgaste de PP y PSOE, mayor en este último, dado que al PP se le une el desgaste de la acción de Gobierno. De hecho, junto a la CDU de Ángela Merkel, el PP y Mariano Rajoy y Renzi y el Partido Demócrata en Italia, son los únicos partidos y presidentes que ganan las elecciones europeas en sus países. Del mismo modo IU y UPyD no son capaces de ser vistos como alternativas creíbles a los dos grandes partidos, aunque su distribución de voto en todo el Estado les beneficiaría en unos comicios generales. Ante las próximas elecciones autonómicas y municipales, es evidente, que se abre un escenario de fuerte fragmentación de voto local y difícil gobernabilidad en muchos casos.

Cataluña ha tenido protagonismo propio en estas elecciones. El fortísimo incremento de la participación respecto a las anteriores elecciones europeas significa que se ha votado en clave plebiscitaria, siendo los votantes nacionalistas los que se han movilizado especialmente, dada la trascendencia de la Unión Europea y su posición institucional ante la consulta independentista que pretenden. El gran triunfador de las elecciones es ERC que incluso llevaba en el nombre de su coalición electoral “El derecho a decidir”. Ha logrado el “sorpasso” a CIU, lo que significa que desde el punto de vista del proceso soberanista, ya dirige la mayoría social independentista. Sin embargo, el hecho de que CiU haya perdido las elecciones supone un revés de su electorado que tiene dos vertientes. Por un lado los votantes que se han podido sumar al voto que consideran más útil de ERC para la independencia y, por otro, los más moderados que no están de acuerdo con la deriva independentista de Artur Mas. En estas circunstancias, es obvio que CiU no convocará elecciones en Cataluña una vez el Estado no permita la celebración de la consulta. Es más previsible que se una a ERC para realizar una declaración de independencia en el Parlament de Cataluña. Respecto al PSCsu descalabro alcanza al 50% de los votos y el PP al 30%. Por el contrario, sigue creciendo Ciutatans y se estanca ICV. Los datos cantan, el voto favorable a la consulta suma el doble (1.500.000 votos) que el de los constitucionalistas (750.000 votos).

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16
may 14

25 M: La Europa por la que votamos, I’m an european voter

La noche del 25 de mayo conoceremos a los 751 mujeres y hombres sobre los que va a recaer la responsabilidad de representar a más de 500 millones de personas en un Parlamento europeo que se convertirá en el centro mayor de poder de la historia de Europa. No exagero y los que tienen la paciencia de leerme sabéis que no es mi estilo, cuando concedo tal relevancia a la Eurocámara resultado de los comicios próximos. El Tratado de Lisboa, es decir, los entonces jefes de Gobierno de los Estados miembros, dieron un paso de gigante para dotar de credibilidad democrática a las instituciones europeas. Así el nuevo Parlamento Europeo tendrá la potestad de proponer al candidato a presidente de la Comisión Europea, como ya lo tenía de cesarle, y examinará una vez más uno por uno, a todos los miembros del Colegio de Comisarios. Solo este dato serviría para justificar la certera campaña institucional del Parlamento Europeo, que bajo el lema “Acción, reacción, decisión. Utiliza tu poder. Tú puedes decidir quién dirige Europa”, nos llama a votar. Bueno mejor preciso, nos llama a votar en 28 de los 29 países de la Unión, porque en España, una democracia joven y de calidad cuestionable, somos más papistas que el Papa y por ley la Junta Electoral Central prohíbe a las instituciones convocantes a unas elecciones pedir el voto. Se supone que tal apelación es una discriminación a la abstención. Es decir, que preferimos primar la no participación, sacralizamos a los antisistema, en vez de promocionar el derecho a decidir y la implicación de los ciudadanos en la política. Muy moderno y luego hablamos del descrédito de la política y el incremento de la abstención, cuando institucionalmente la primamos. Seguramente algo tendrá que ver en ello el acomodo de los grandes partidos al bipartidismo con esta situación.

En todo caso, de lo que se trata ante la jornada del 25M es de reflexionar sobre lo mucho que nos jugamos con nuestro voto. Esto es, la Europa por la que vamos a votar. Y me gustaría empezar por un dato económico que creo define la esencia del proyecto europeo. Todos sabemos que la Unión Europea es un gigante por cifras en el contexto mundial. Representa el 20% del PIB mundial, es el líder en transacciones comerciales y, sin embargo, solo suma un 7% de la población del mundo. Somos comparativamente un espacio rico que hasta la fecha ha estado en vanguardia de la historia. Pero lo más notable a mi entender es que esa escasa masa demográfica, no solo es capaz de producir y comerciar a gran escala, sino que comparativamente con el resto del planeta, protagoniza nada menos que el 50% del gasto social que se produce en el mundo. Ese es el verdadero rostro de Europa, el de su preocupación social, el marco solidario de convivencia. Aquello precisamente por lo que más somos cuestionados por nuestro gran aliado y competidor, Estados Unidos. Aquello de lo que adolecen aún por desgracia los gigantes emergentes como China, BrasilIndia o Turquía. Aquello que nos diferencia radicalmente de sociedades que no respetan los derechos humanos o los valores fundamentales de la democracia, como ocurre hoy en día en Rusia o Estados bajo la ley de la Sharia. Un elemento esencial de nuestro ser europeo que precisamente se ha puesto en tela de juicio a lo largo de la crisis económica que nos azota ante las políticas de recortes que han afectado seriamente en algunos países miembros a la cobertura de las prestaciones sociales y de los servicios públicos. Los nuevos eurodiputados tendrán una responsabilidad capital en mantener y dotar de contenido real a ese espacio social común.

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Si estos dos motivos enunciados no fueran suficientes para movilizarnos al voto, os pido que reflexionéis sobre el número y trascendencia de las decisiones que se toman en la Eurocámara. La legislación producida por el Parlamento Europeo supone un 80% del total de la que durante una legislatura se lleva a cabo en el Parlamento de un Estado miembro. Traducido a la realidad significa que 8 de cada 10 leyes aprobadas por los diputados españoles son mera transposición de directivas europeas que de una u otra forma han sido debatidas y decididas en el Parlamento Europeo. Y las materias sobre las que legisla nos afectan en todos los capítulos de nuestra vida, tan sensibles como la educación, la salud, el medio ambiente, la normas de competencia, etcétera, etcétera, etcétera. En la legislatura que ahora ha concluido el Parlamento Europeo  ha celebrado 260 días de Pleno; 2.162 horas de Pleno; se han emitido 20.696 votos; se ha formulado 57.238 preguntas escritas; se han adoptado 16.390 enmiendas y se han rechazado 18.449; se han adoptado 2.583 informes y se han aprobado 952 leyes.

Seis son las competencias y responsabilidades que el Tratado confiere a los eurodiputados:

1. Procedimiento de nombramiento de la Comisión Europea. Esta será la primera vez que los Estados miembros de la UE deban tener en cuenta los resultados de las elecciones europeas antes de elegir un candidato a presidente de la Comisión. El procedimiento será el siguiente: teniendo en cuenta los resultados de las elecciones europeas, los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros proponen un candidato a presidente de la Comisión. El candidato presenta sus directrices políticas (en un manifiesto) al Parlamento. El candidato debe ser aprobado por mayoría absoluta de diputados al PE (376 de 751); si resulta aprobado, se le considera «elegido» por el Parlamento; si no resulta aprobado, los Estados miembros deberán presentar un nuevo candidato. El presidente electo y los gobiernos nacionales de la UE acuerdan conjuntamente una lista de candidatos para el resto de carteras de la Comisión (uno de cada país). Los candidatos se someten a audiencias de confirmación en el Parlamento (que no son un mero trámite, ya que el Parlamento ha rechazado en el pasado a candidatos que no consideraba aptos). El presidente y el resto de comisarios, como organismo, son sometidos entonces a una votación única de aprobación por parte del Parlamento, que requiere una mayoría simple (mayoría de votos emitidos). Si el Parlamento da su aprobación, la nueva Comisión queda formalmente nombrada por los Jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea.

2. Competencias legislativas. Los eurodiputados son los legisladores de la Unión Europea: sin su aportación y su aprobación no es posible hacer realidad la mayoría de leyes de la UE. El Tratado de Lisboa de 2009 concedió un verdadero poder al Parlamento sobre ámbitos políticos cruciales, como la agricultura y las libertades civiles, en los que previamente tenía tan solo un papel consultivo.

3. Competencias presupuestarias. Las políticas europeas en ámbitos como la agricultura, el desarrollo regional, la energía, el transporte, el medio ambiente, la ayuda al desarrollo y la investigación científica reciben fondos de la Unión Europea. El presupuesto a largo plazo de la Unión Europea debe ser aprobado por los gobiernos nacionales y el Parlamento Europeo. Cada año, ambas entidades deciden conjuntamente cómo se gastará el presupuesto anual.

4. Control democrático y competencias de supervisión. Una función básica de cualquier parlamento es la supervisión o la fiscalización de otros poderes, con el fin de garantizar la responsabilidad democrática. Entre ellas se encuentra la de las instituciones de la UE, incluido el BCE.

5. Política exterior y derechos humanos. La Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) es responsable ante el Parlamento, que tiene derecho a ser informado y consultado sobre sus políticas y puede utilizar las competencias presupuestarias para definir su tamaño y alcance.

6. Peticiones. El Parlamento Europeo lidera la promoción de la transparencia, la apertura y el acceso del público a las instituciones y organismos europeos. Todos los ciudadanos de la UE tienen derecho a presentar peticiones ante el PE sobre cuestiones relativas al medio ambiente, conflictos con las autoridades aduaneras, transferencias de derechos de pensión y otros asuntos, siempre que entren en la esfera de competencias de la Unión Europea. El público también puede acudir al Defensor del Pueblo Europeo —una figura independiente designada por el Parlamento—, encargado de investigar denuncias sobre mala gestión o abuso de poder cometidos por una institución de la UE.

Supongo que a la vista de estos datos e informaciones seguirá habiendo gente que considere al Parlamento Europeo una cámara inútil, un cementerio de elefantes políticos donde no se decide nada. Porque cambiar los estereotipos resulta siempre complicado. Los ciudadanos tiene todo el derecho a exigir responsabilidades a los políticos que les representan en el cumplimiento de sus funciones y en la defensa de sus derechos. Pero cada día más deberíamos reflexionar sobre el derecho que se tiene cuando no se respeta el valor de las instituciones democráticas, ni a las personas que por libre designación a través del voto trabajan en ellas. Antes de exigir deberíamos exigirnos a nosotros mismos el mínimo esfuerzo de la participación. La libertad que cada cual tiene ante una jornada electoral, en algunos países se extiende a la de quedarse en casa sin ejercer tu derecho, pero en otros no menos democráticas se considera una obligación ciudadana. No entro en esta discusión, pero considero que el voto en blanco supone la mejor manera de realizar una crítica constructiva en el caso de que ninguna de las ofertas electorales satisfaga tus anhelos políticos. Yo me declaro votante europeo, I’m an european voter. Y lo soy porque soy consciente de lo mucho que nos jugamos en las elecciones europeas, lo importante que ha resultado la Unión Europea para la paz y de la necesidad de preservar este espacio único de libertades y solidaridad. Te animo a que tú también lo seas. Ayudemos a hacer posible el suelo de Víctor Hugo en su famoso discurso en el Congreso de la Paz el 21 de agosto 1849: “Llegará un día en que todas las naciones del continente, sin perder sus cualidades distintivas y su gloriosa individualidad, se fusionarán en estrecha colaboración dentro de una unidad superior y constituirán la fraternidad europea “.

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may 14

Candidatos a presidir Europa: Junker, Schulz y Verhofstadt, tres hombres y un destino

Si nos atenemos a los sondeos, a lógica composición ideológica de los distintos países y la correlación de pactos entre las distintas fuerzas políticas, tres son los líderes que pueden ejercer el liderazgo de las principales instituciones europeas a raíz de las elecciones del próximo 25 de mayo: Jean- Claude Junker, MartinSchulz y Guy Verhofstadt. Los tres son los candidatos a presidente de la Comisión Europea por el Partido Popular Europeo (PPE), por laAlianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) y de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE). Yo ya anticipo que creo que esta troika de veteranos y bregados políticos europeos de una u otra forma van a ocupar los principales cargos de la UE. Mi particular quiniela es la siguiente: dado que Verhofstadt ya ha declarado públicamente su apoyo a Schulz, veo a éste de presidente de la Comisión, a cambio de que aquél lo sea del Parlamento, por lo que a Junker le quedará la opción de presidir el Consejo en sustitución de Van Rompuy. No cabe duda que las consecuencias prácticas del Tratado de Lisboa van a afectarnos a partir del 26 de mayo, cuando los nuevos eurodiputados propongan al Consejo y éste lo ratifique al próximo presidente de la Comisión. Me atrevo a decir que estamos en los inicios de una nueva forma de hacer Europa. Es imposible que no afecte a su funcionamiento – yo creo que para bien – que el presidente no lo designen los jefes de Gobierno de los Estados miembros. Eso va a conferir un carácter y una nueva personalidad a la Comisión, como va a poner en valor la capacidad legislativa del Parlamento y, sobre todo, va a atemperar el poder del Consejo.

Siendo esto así y teniendo en cuenta, pues, la relevancia de estas elecciones, conviene acercarse a la biografía e ideas de los principales candidatos.

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Jean-Claude Junker: Uno de los principales muñidores de la integración europea desde el flanco intergubernamental en el último cuarto de siglo pertenece, paradójicamente, a uno de los países más pequeños y con menos peso específico en las instituciones de la UE: Jean-Claude Juncker, quien fuera durante casi 19 años, entre enero de 1995 y diciembre de 2013, primer ministro del Gran Ducado de Luxemburgo, amén de ministro de Finanzas de 1989 a 2009. El más duradero jefe de Gobierno europeo ganó tres elecciones generales consecutivas y encabezó cuatro gabinetes de coalición antes de verse obligado a dimitir en julio de 2013 como consecuencia de un escándalo con responsabilidades políticas, el caso del espionaje de los servicios de inteligencia del Estado. Su partido, el Popular Social Cristiano (CSV), volvió a ser el más votado en los comicios anticipados de octubre, pero esta vez ya no consiguió asociarse ni con los socialistas ni con los liberales, quienes se entendieron por su cuenta. Ecuánime y matizado, agudo y socarrón, sutilmente carismático, Juncker destacó con un estilo propio en el abigarrado concierto europeo, donde cimentó su prestigio como ingeniero de la Unión Económica y Monetaria y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, así como, durante ocho convulsos años, presidente del Eurogrupo, la reunión de ministros de Finanzas del euro. El experimentado gobernante fue además dos veces presidente de turno del Consejo Europeo, se sentó en un centenar de cumbres europeas y fue un hábil interlocutor y negociador en infinidad de procesos, entre ellos los que alumbraron cinco grandes tratados europeos. Durante el incendio que prendió en las deudas soberanas de la Eurozona, el dirigente luxemburgués prolongó su notoriedad como el encargado de organizar el rosario de rescates, con resultados harto discutibles, de los países asfixiados por la prima de riesgo y de diseñar los fondos financieros para estabilizar un euro en peligro mortal. Quien venía de entenderse con el jefe franco-alemán de Chirac y Schröder, y de coquetear con la corriente federalista, no terminó de sintonizar con la poderosa canciller Merkel, la cual rechazó sin contemplaciones su propuesta de los eurobonos (“una respuesta fuerte y sistémica a la crisis”, “un mensaje claro a los mercados”, dijo al presentarla en 2010), acogida en cambio con interés por una mayoría de líderes europeos. Aunque comprometido con la consolidación fiscal de la Eurozona, Juncker, habitualmente sin pelos en la lengua a la hora de criticar, guardó cierta distancia de las posturas más ortodoxas o rígidas dentro del llamado grupo de Frankfurt, se aproximó a los que pedían compaginar la austeridad y el estímulo del crecimiento, y alertó contra la brecha creciente entre el núcleo duro de la Europa del Norte y las economías intervenidas de la Europa del Sur. En 2009 se postuló sin éxito para presidente del Consejo Europeo y en 2014 ha aceptado ser el candidato del Partido Popular Europeo (PPE) al puesto de presidente de la Comisión Europea.

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Martin Schulz: El diputado socialdemócrata alemán Martin Schulz preside desde comienzos de 2012 el Parlamento Europeo. Entonces resultó elegido en el marco del pacto de legislatura adoptado en 2009 por su grupo, que lideró durante ocho años, la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D, segunda fuerza del hemiciclo y expresión del Partido de los Socialistas Europeos, PSE), y los conservadores del Partido Popular Europeo (PPE). Su mandato de dos años y medio expira tras las elecciones de mayo de 2014, a las que ahora se presenta como candidato del PSE a presidente de la Comisión Europea y con una prioridad máxima: la creación de empleo. Antiguo librero de profesión y sin formación universitaria, Schulz ha sido en la última década uno de los miembros más conocidos de la Eurocámara, donde se sienta desde 1994, por su verbo directo, su estilo vehemente y sus firmes convicciones. Ha procurado hacer valer la opinión del Parlamento, la única institución de la UE elegida directamente por los ciudadanos pero tradicionalmente marginada de las grandes discusiones políticas, en las decisiones emanadas de las cumbres del Consejo y el Eurogrupo, es decir, los gobernantes nacionales. Una pretensión que está en consonancia con la ampliación de poderes que el Tratado de Lisboa otorga al Parlamento. Acérrimo defensor del euro, Schulz ha advertido que la UE puede “fracasar” si no complementa su unión económica y monetaria con una unión política, y sostiene la necesidad de acompañar las recetas de austeridad para reducir el déficit con políticas específicas para el crecimiento y el empleo. Ha criticado los recortes sociales en los escenarios de recesión o estancamiento y defendió la emisión de eurobonos para combatir la crisis de las deudas soberanas de la Eurozona. Con todo, en 2012 respaldó el Pacto Fiscal diseñado por su paisana y cuestionada adversaria política, la canciller democristiana Angela Merkel. El auge de los populismos, las “fuerzas centrífugas” y las tendencias a la “renacionalización”, junto con la falta de un “pacto social” y el peso creciente del componente intergubernamental son, a su entender, los principales peligros que acechan a la UE.

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Guy Verhofstadt: El primer ministro de Bélgica entre 1999 y 2008 fue Guy Verhofstadt, líder en diversos períodos de uno de los principales partidos políticos de la Comunidad Flamenca, el liberaldemócrata Open-VLD, antes llamado VLD y PVV. En origen un joven neoliberal admirador del thatcherismo, Verhofstadt evolucionó a un liberalismo con acentos más sociales y progresistas, al tiempo que afianzó un doble compromiso con el federalismo: el que mantiene unido a su país, Bélgica, Estado que ensamblan con creciente dificultad los flamencos neerlandófonos al norte, los valones francófonos al sur y la isla bilingüe de Bruselas en medio; y el que podría pautar la construcción europea, hoy por hoy dominada por el poder intergubernamental. Como ganador por escaso margen de las elecciones generales de 1999 y 2003, Verhofstadt, primer jefe de Gobierno no cristianodemócrata o socialista desde antes de la Segunda Guerra Mundial, encabezó dos gabinetes nacionales de amplia coalición, con socialistas, liberales/reformistas y verdes de las dos comunidades, que agotaron sendas legislaturas. En 2009 Verhofstadt salió elegido miembro del Parlamento Europeo y se convirtió en el líder del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ADLE). Consecuente con su europeísmo de signo federalista, durante la crisis de las deudas soberanas de la Eurozona defendió la emisión de eurobonos y criticó el conservadurismo financiero de la canciller alemana Angela Merkel. En 2014, con motivo de las elecciones Europeas y una década después de su primera candidatura, entonces frustrada por el veto anglo-italiano, es aspirante a presidir la Comisión Europea en nombre de la ADLE. Sus propuestas se centran en la creación de empleo, la reducción de la burocracia, y la eficiencia y la transparencia de las instituciones europeas, a la vez que pone en guardia contra el avance del euroescepticismo y se confiesa “obsesionado” con la pérdida de influencia de Europa en el mundo.

De ellos y de sus decisiones va a depender en gran medida el futuro cercano de la Unión Europea. Todos ellos conocen bien los intrincados caminos de la construcción de la UE, Junker muy cercano a los jefes de Gobierno y buen maniobrero con ellos, Schulz de notable perfil político-ideológico, capaz de dar un impulso a los principales proyectos europeos y Verhofstadt hábil parlamentario hacedor de mayoría a múltiples bandas a base de negociaciones interminables. No hay duda de que se lo saben. Queda por saber si son capaces de creerse Europa más allá de sus cargos y devolver al proyecto europeo el impulso que ha perdido en la última década.