Reconocemos una invasión por las huellas,
imaginamos fuegos artificiales
a la luz del día.
Siempre que nos vemos todo pasa
muy rápido, siempre que nos
vemos llueve.
No dices nada nuevo pero
sin embargo las
dices.
Reconocemos una invasión por las huellas,
imaginamos fuegos artificiales
a la luz del día.
Siempre que nos vemos todo pasa
muy rápido, siempre que nos
vemos llueve.
No dices nada nuevo pero
sin embargo las
dices.
Te diriges hacia el sol con un carro de la compra vacío,
ves precipitarse una mariposa como se precipita
una hoja muerta.
Estás rodeada de cosas feas,
estás rodeada de tantas cosas feas.
Un Ababol es una palabra que suena como
a planta pero no, en tu pueblo un Ababol es una
persona simple.
Perdona que te haya mandado ese mensaje tan raro,
fue un gran TT uy te y re re re
re RER e Eue.
Hace calor en mi cuarto
y el vino se sube a la cabeza.
Hace calor en mi cuarto y el vino
se sube a la cabeza y abro la ventana
y descubro la niebla en las montañas del fondo
y pienso en el frío que debe hacer allí tumbado en esa cima
llena de niebla esta noche, ésta concreta de verano,
y pienso qué placer
sin límites.
Cambiaron de sitio la ciudad,
la niña con las piernas mucho más gruesas
que las de su madre lo supo
a la primera.
Un estornudo que salta una hoguera,
un estornudo que tropieza
y se quema.
Cuando besé tu casco me vine arriba
y te aseguro que lo hice todo
por tu bien.
Cuando me conocí de nuevo sentí
que podía ofrecerme algo que
necesitaba y que sólo yo
podía dármelo,
y eso me hizo
muy feliz.
Cuatro sillas de cuatro patas
abandonadas en
plena calle.
Abandonadas las cuatro sillas,
abandonadas las
veinte patas.
Nuevas pastillas contra la tos,
no alivian la tos pero están
contra ella.
A lo largo de los años
he sido víctima de la nieta y de su abuelita,
de la soltera llorona y de
la golondrina.
Un abismo generacional entre dos flechas,
una convertida en mesa y otra
de madera.
Nos conocimos en una tienda de alquiler de cedés,
cerca de una noche de cuatro colores,
cerca de una fuente verde con
cara de león.
Entonces la lluvia se colaba en tus zapatos
y mi hermana se colaba en casa con sus
amigas encerradas todas encima
del sofá.
Tengo los hombros inclinados como mi hermano cuando digo
Javito se toca el pito por encima
del chándal.
Tienes las orejas mucho más grandes y finas cuando dices
en junio me toca cuidar a
mi madre.
Tiene una mirada bonita pero enredada cuando dice
tengo un elefante con la trompa rota
que me cuida, tengo un elefante
que me toca.
Tenemos mucho más que decir cuando decimos
un cartel azul tan bello que se funde
con el aire.
Tenéis los martes cara de rata cuando decís
una farola hueca entre los
árboles.
Tienen la pierna helada cuando dicen
una montaña de
cajas.