
Echo en falta que se valore más la cultura.
(Dice un niño prodigio en la radio).
Los niños prodigio
son aún más horribles que los adultos
prodigio en cuanto a cortar cabezas se refiere.
O son más horribles, o no saben
disimular y se les nota
más.

Ha fermentado la leche, se ha hinchado la caja.
Los tupper están secos y brillantes.
Cuando todo es como debe ser,
yo me caigo de noche
por
el hueco de las
escaleras.
Soy un señor desaparecido.
Soy un calvo al que no le queda bien la calva.
Soy guapo, estoy bien de
la cabeza.
Pero soy un insignificante número más.
Pero tengo dos madres.

Hoy me he levantado
con los ojos más juntos de lo
normal.
Queriendo ser más quel resto
y no teniendo ningún tipo de talento.
Y entonces he recordado con cariño
el camino al videoclub.
Tengo adoración nocturna por ese camino.
Pero me he visto
viejo y triste recordando.
La tormenta se desliza por los tejados.
El gris lo envuelve todo.
Alguien grita:
¡Ponte a refugio!

El autor de la tarta de cumpleaños, un africano
blanco adicto al porno, soplaba las velas
con fuerza.
Todos los que lo vieron le dijeron:
Violencia es tu despiste, tu dejadez.
No eres tú quien debe soplar esa tarta.
Tú eres el repostero, tu tarta es un encargo.
Pero el autor de la tarta no hacía ni caso.
Soplaba las velas y llenaba
la tarta de babas.

Me da pena
esa paloma cu-culina
que canta en la
plaza.
Se ha quedado solita.
Desde que se despierta
hasta que se acuesta
emitiendo
su
cucu-lí-lí-cu-lí-lí.
Cambia de lugar en las alturas,
prueba en otros tejados,
en otros balcones,
pero nada.
No aparece paloma coja en el horizonte.
Emite su cucu-lí-lí-cu-lí-lí
y su
cucu-lí-lí-cu-lí-lí
se lo lleva el viento.
La primavera toca su fin.
Se puede sentir el calor del verano.
Por eso cu-culina decide plantarse
en el suelo y servir de
almuerzo a los
gatos.
¡Ciao cu-culina!
Mañana sólo cantará
el gallo.