
Y de pronto he sentido
lo mismo que sentí
la primera vez
que te
vi.
Ha sido como viajar en el tiempo.
Soy un viajero del tiempo.

Adoro mis ojos rojos.
Quiero mi blanco del ojo rojo,
no blanco.
Son mis ojos sensibles, siempre lo han sido.
Vulnerables, finos termómetros de mi estado de ánimo.
Puedo mentir pero ellos siempre me delatan.
Estúpidos ojos que me acompañan
desde niño.
Ojos de cordero degollado un día de resaca.
Ojos de felicidad y culpabilidad.
Ojos tristes, ojos llorosos.
Ojos enfermos.
Ojos de loco y de tonto.

De
perdedores
está el mundo plagado.
Muchos escritores del pasado
creyeron ser especiales por esto mismo.
Y no estaban equivocados.
Si tú también eres un perdedor,
escribe tu relato, poema, novela o lo que sea.
Tienes algo que decir al mundo, de eso estoy seguro.
No importa que no quieras ser escritor.
No importa que todo esté dicho
porque todo no está dicho.
Lo tuyo no está dicho.
Venga va, cuéntanos tu historia.
Haznos ese favor, por favor.

Arañita bonita, bonito insecto.
Eres comparada con
el resto,
eres para mí un
rayo de luz en este momento.
Guía mi camino arañita, arañita bonita.
Y cuando me veas no te asustes.
No tengas miedo de mí.
Porque antes me aplasto yo contra el suelo
que aplastar algo tan precioso
como tú.
Arañita bonita, bonito insecto.
Eres comparada con el resto,
eres para mí un oasis
en
el desierto.

Caminas
despacio y sin pausa.
Te cruzas con un extraño que sostiene
un paquete de jamón de pavo entre las manos
y una barra de pan debajo del brazo.
Todavía hay esperanza, piensas.
Tu ropa de cama está tendida y dicen que no va a llover.
No tienes nada que temer.
Tu pelo limpio parece más limpio en los extremos.
Aitana, estás tan guapa recién lavada…
Una pluma de pájaro se precipita en el suelo de la calle.
Arriba, en un tejano cercano, una paloma construye su nido.
Llevas tatuada en alguna parte de tu cuerpo una figura geométrica.
Yo te he inventado.
Ahora vives en mi mismo barrio.
Haz caso a tu inventor y padre
Aitana,
o no, o haz lo que te
dé la gana.