
Edificios
que se pudren.
Edificios que se oxidan.
Donde ya no sirven para nada las antenas.
Donde ya no sirven para nada las antenas parabólicas.
En Carrer d’Abd El-Kader.

Me
han caído
cuatro kilos de
madera en la cabeza.
Intento salir de una vida disoluta
pero no puedo y me
agobio.
¡Ñeeeeeeeee!
La rambla de Cataluña es Tontolandia.
¿Cuántos tontos habrá por metro cuadrado?
¿Cuántos?
Transitarla me baja el coeficiente intelectual.
Una marca de Satanás + me impide
pensar con claridad.

Un pez de plata debajo de mi tostadora.
Una rebanada de pan entre dos trozos de carne.
Se tuerce un cuadro abstracto en la pared.
Se tuerce un marco rojo de plástico japonés.
Es mi preferido ese cuadro.
Lo pintó hace años un africano subsahariano.
Un plátano, una naranja y dos fresas muertas.
Té con miel y un sándwich de pavo.

Recuerdo
las excursiones
con mi padre al monte.
Gora E.T.A. en las paredes de los refugios.
Gora E.T.A. en las puertas de las ermitas.
Gora E.T.A. hasta en las piedras.
Recuerdo a nuestro perrito amarillo y blanco.
Siempre se perdía en el bosque
y siempre nos esperaba
cerca del coche.
¡Guau! ¡Guau!
Recuerdo nuestras piernas cansadas.
Piernas cansadas pero felices
de
volver a casa.

Me
gustan
más los edificios
que algunas personas.
Nos dijiste mientras te sacabas un pañuelo
de papel granate del bolsillo y
te secabas tus mocos
granates.
Sí, sí.
No, no.
Os dije que no vinieras.
Pero allí estábamos.
Dos comerciales de Securitas Direct y yo.
A lo lejos, un chino de China bailaba reguetón.
En el suelo, una paloma roja picaba
una rodaja de salchichón.