
Tantos
años de mi vida
mirando por una ventana cerrada y nada.
Suspendidas todas mis citas por fuertes tormentas mentales.
Abro la ventana de mi cuarto para ventilar.
Eso significa que ya no estoy
tan mal.

Ayer, pedo monumental, antológico,
un hito en la historia de mis
borracheras.
Hoy, carrera de coches ilegal,
en
un polígono industrial.
Me fumo un porro porque si no me lo fumo pierdo.
He ganado un trofeo de latón y una botella de Jack Daniel’s.
Hoy me la pillo de nuevo, pero primero,
a casa del camello.
Voy mirando al
sol.
Vuelvo mirando al suelo.

Un vizconde bizco
me dijo un
día:
Yo no quería darle la razón y por eso se la di.
A lo quel loco dembudo en la testa y bizco vizconde contestó:
Y me devolvió la razón.

No sé
hasta que punto
de en la mierda mental
habéis estado vosotros a lo largo de vuestra vida.
Yo he estado muy en la mierda mental muchas veces
a lo largo de mi vida y por eso a veces me
conformo con poco para sentirme
bien conmigo mismo.
Pequeños regalos cotidianos que comparados
con lo que supuso ese pozo mental,
pues me brindan un descanso
bastante llevadero.
En resumen.
Llueva, nieve, haga frío o haga calor,
cuando no estoy en la mierda,
estoy mucho mejor.

Apodo La Ruina Catalana
a Barcelona, como si de una vieja
enemiga se tratara.
Cruzo una plaza que huele a patatas bravas.
La Ciudad
Condal está sembrada.
Me gusta vivir en la Ciudad Condal.
No conozco los pueblos de Cataluña, sólo conozco su capital.
La ciudad de Barcelona, la Ciudad Condal.
Es La Ruina Catalana, es hola guapo,
es adéu que vagi bé
chaval.

Camino con una torre de ordenador
entre las manos.
Soy de otra generación.
Soy una carpeta llena de pegatinas.
Soy una foto azulada de una moto azulada.
Cruzo
un
campo plagado de pinchos y arbustos raros
y salgo con mis calcetines blancos
llenos de saltamontes
aplastados.
¡Sois por seis de tontos de tontos que sois!
Grito al viento sin venir a cuento.