UN AFRICANO DE CHOCOLATE

He soñado
con un picotazo de mosquito que no tengo.
He soñado con el perolo de puré Maggi que preparaba mi madre.

Pero,
¿qué os importan a vosotros mis sueños?
De hecho, ¿qué os importan a vosotros estas mis palabras?

Si no queréis no sigáis leyendo.
Yo seguiré escribiendo porque es una de las muchas
cosas que no sé hacer bien pero sigo haciendo.

El que canta y escribe poco sirve.

Un africano de chocolate.
Un español de vainilla.
Un sueco de nata.
Un chino de
limón.

Todos me dan la razón.

¡El que canta y escribe poco sirve!

Así que sigo mi camino
y no
me desanimo.

POR TONTO

Me
levanto por la mañana
y tiro un trozo de pan a la basura.

Luego lo rescato de la basura y lo tuesto a mediodía.
Pensaba que tenía más pan pero no tenía.
Sabe muy bien el pan rescatado
de la basura.

Sabe mejor que cualquier otro.

Apunto una tontería en mi cuaderno de tonterías mientras como.

¡Orson Welles! ¿Hace cuánto que no te lavas?
¡Orson! ¡Hueles!

Mancho mi cuaderno de aceite rojo.
Mancho mi cuaderno de migas
de pan rescatado de la
basura.

Por tonto.

EL RECUERDO DE OTRA PERSONA

Cuando
mi hermano Javi
trabajaba en Pizza World
y nos trajo pizza, y nosotros viendo
The Navigator.

Todo comienza en el salón de casa de mis padres.
Alfombras y sillas y butacas con orejones.

Es un todo que comienza y termina.

Es un todo a través de un mueble con llave
que sirve de asiento, una película
detenida, un camino de
sombra.

Ese niño sentado en el mueble no se parece a mí.
Ese niño tiene cara de triste y no de chiste.

Es el recuerdo de otra persona.

SOY UN VIEJO AMARGADO

Salgo
a la calle y veo
a Pizpireta y a Espantapájaros paseando de la mano.

Se besan en público, me obstruyen el paso.

Qué monos, van juntos al gimnasio.
Qué monos juntos, me dan asco.

Ya no veo pintadas con Típex en el ladrillo,
ni cáscaras de pipas, ni balones de
baloncesto pinchados.

Veo gimnasios.

Los chavales comen sushi y se perfuman las pelotas.

Ya nadie fuma porros en las
escaleras de la
plaza.