
Una
paloma lista
que no quiere volar.
Un catalán producto del capital.
Nunca van a volar los coches.
Si es que no vuelan ni
los aviones.
El hombre jamás
volará.

Su
suerte
no le hizo ningún favor.
Cruzaba
la calle borracho y muy borracho
y depende de cómo la cruzaba le parecía otra calle.
Cuando estaba a punto de llegar a casa vio
una silueta blanca en su balcón
preparada para
saltar.
Se parece a mí. – Pensó.
Con
la garganta
sucia y la mirada oblicua entró su portal.
No creía que nada fuera real.
Le daba todo igual.

He soñado
con un picotazo de mosquito que no tengo.
He soñado con el perolo de puré Maggi que preparaba mi madre.
Pero,
¿qué os importan a vosotros mis sueños?
De hecho, ¿qué os importan a vosotros estas mis palabras?
Si no queréis no sigáis leyendo.
Yo seguiré escribiendo porque es una de las muchas
cosas que no sé hacer bien pero sigo haciendo.
El que canta y escribe poco sirve.
Un africano de chocolate.
Un español de vainilla.
Un sueco de nata.
Un chino de
limón.
Todos me dan la razón.
¡El que canta y escribe poco sirve!
Así que sigo mi camino
y no
me desanimo.

Me
levanto por la mañana
y tiro un trozo de pan a la basura.
Luego lo rescato de la basura y lo tuesto a mediodía.
Pensaba que tenía más pan pero no tenía.
Sabe muy bien el pan rescatado
de la basura.
Sabe mejor que cualquier otro.
Apunto una tontería en mi cuaderno de tonterías mientras como.
¡Orson Welles! ¿Hace cuánto que no te lavas?
¡Orson! ¡Hueles!
Mancho mi cuaderno de aceite rojo.
Mancho mi cuaderno de migas
de pan rescatado de la
basura.
Por tonto.